Catástrofes |
Fanático es quien aprovecha el terremoto del lunes para culpar a los rivales políticos o a los dioses ajenos. Narciso es quien aprovecha el desastre en Chocó, en Buenaventura, en Cali, en Popayán, en Pereira, en Manizales, en Armenia —y, claro, en los 347 municipios que van llegando a las noticias—, para dar cátedra, para soltar su “yo les dije”, para emitir comunicados ante una nación de unos cuantos seguidores: las adictivas redes nos transforman en narradores en vivo y en directo que impiden que las cosas sucedan, y nos hacen creer que todo lo del mundo es una excusa para ganarse cien “me gusta”. Y, sin embargo, más temprano que tarde las catástrofes no necesitan superioridades morales ni ingenios, sino solidaridades, corajes, eficiencias, duelos, y todo ello se ha estado viendo luego de la sacudida y el espanto.
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Todo indica que el terremoto de Lisboa de noviembre de 1755, que dejó cerca de cien mil muertos y arrasó con la ciudad porque terminó en........