Fútbol y divorcios: ellas, las víctimas
Eduardo Vélez Pérez es mi amigo paisa. Es futbolero, de 54 años, ingeniero y esposo de Juliana Mejía, de 40 años, abogada, muy uribista; dos hijas hippies desaplicadas de 20 y 19 años. Eduardo, jefe de familia, llegó al apartamento sin avisar con cuatro amigos pasados de copas a ver el partido de Colombia contra Portugal. Llegaron con 30 cervezas, 49 empanadas y seis botellas de ron. Su esposa, Juliana Mejía, se indignó por la visita, sin avisar, del marido con amigos ebrios y ruidosos. Un problemón, no tenía hielo ni cervezas, y la nevera estaba vacía.
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