Qué maricada

Me conquistó. Me sedujo a punta de labia. Franco y directo al hablar. Abierto y orgullosamente homosexual. Narrador extraordinario de la historia de su propia infancia: víctima de acoso escolar, hazmerreír por su forma de hablar, matoneado por una cicatriz en la cara, abandonado por un papá ausente que nunca estaba, hijo de madre víctima de violencia económica, sujeto de inasistencia alimentaria. Obligado a bajarse de estrato, a graduarse como el mejor de su clase, a conseguir becas para estudiar, a hacerse doctor en el extranjero y a conquistar un buen currículo, a pesar de la adversidad.

Viento en contra que utiliza nuevamente para empujarse ahora. Fenómeno electoral dentro de La Gran Consulta por Colombia, en la que despegó tras una burla homófoba del ultraderechista De la Espriella. Y fuerza física en dirección opuesta que aprovecha para alzarse a volar junto a Paloma, victoriosa en la consulta interpartidista y candidata a la presidencia por el Centro Democrático.

Lugar donde soplan vientos contrarios a la personalidad aplastante de Juan Daniel Oviedo: abiertamente gay entre grupos ultrarreligiosos, progresista entre gentes conservadoras, antagonista de machos alfa, homosexual entre patriarcas, incompatible entre adoradores de Trump, izquierdoso para grupos de derecha, defensor de la JEP entre escépticos del acuerdo de paz, creador de nuevas formas de expresión entre amantes de lo tradicional.

Circunstancias adversas que lo hacen popular entre los votantes del centro. Y que lo convierten en dolor de cabeza para Claudia López y Sergio Fajardo, supuestamente dueños de un espectro que no comulga con los extremos: ciudadanos sin partido, sin afiliación política, por fuera de la batalla entre izquierdas y derechas, amantes de la democracia y creyentes de las personas y no de las sectas.

Claudia y Fajardo hoy desdibujados ante la irrupción volcánica de Juan Daniel Oviedo, el verdadero ‘outsider’ de la política colombiana. Sopa y seco le acaba de dar a la exalcaldesa de Bogotá en Bogotá, avasallándola en su propio fortín electoral, sobrepasándola ampliamente en las votaciones entre jóvenes, mujeres y, seguramente también, entre la población LGBTI.

Gay versus lesbiana, economista versus matemático y lo mejor de todo: progresista versus izquierdoso. Oviedo amenazando hasta con quitarle votos a Iván Cepeda, sacando cientos de miles de sufragios en los barrios del sur y occidente de Bogotá, en teoría huestes fieles e incondicionales del Pacto Histórico y de Gustavo Petro.

Líder supremo de la izquierda que, sin pena ni vergüenza, se inmiscuye en la carrera para elegir su reemplazo. Intento colosal por frenar el fenómeno político del momento, con una narrativa transfóbica para evitar posible fuga de votos hacia la dupleta de centro-derecha: mensajes de Gustavo Petro sobre vampiros que se esconden detrás de plumas y lentejuelas, creaciones de fábulas de trogloditas discriminatorios y antiderechos que se meten en la jaula de las locas de Juan Daniel Oviedo.

Caballo de batalla con el que cabalgan hoy Cepeda y Petro. Estancados en la misma fórmula de hace cuatro años, sin mayores variaciones en la conjugación de los verbos, sin grandes cambios en la elaboración del muñeco: hombre de izquierda con mujer caucana de minoría étnica. Repetición de la repetidera, película ya vista por la audiencia, fórmula predecible sin la fuerza electoral de Francia ni la seducción con la palabra de Gustavo Petro.

Claudia y Fajardo hoy desdibujados ante la irrupción volcánica de Juan Daniel Oviedo, el verdadero ‘outsider’ de la política colombiana. Sopa y seco acaba de dar

Carisma que le sobra a Juan Daniel Oviedo. Dueño de una verborrea entendible para las masas, mago con el uso de símiles y metáforas, genio con los símbolos —periodicazos para los atrevidos y rayo amarillo de energía en movimiento—, maestro de las estadísticas y dueño de los números. Comprendedor como pocos de las carencias humanas que se esconden tras las cifras, entendedor excepcional de las encuestas de calidad de vida del Dane y de todas sus mediciones de pobreza multidimensional en educación, niñez, vivienda y trabajo.

Departamento del que fue director durante cuatro años. Convirtiéndose desde allí en funcionario estrella del gobierno pasado, elevándose por encima de todo el gabinete de ministros y del resto de directores de departamentos. Conectando desde entonces con gente del común gracias a una pedagogía excepcional, con un lenguaje preciso, exacto, accesible, sencillo y fácil para cualquier ser humano.

Oviedo siempre sonriente, tranquilo, irreverente, hecho a pulso, pero sin resentimientos. Acreedor de un carisma tremendo, de una autenticidad pocas veces antes vista, dueño de un enorme orgullo como ser diverso, luz para las minorías, rayo que pone a temblar a todos los candidatos de la izquierda, centro y extrema derecha. Clarísima señal de que cabalga dentro de la fórmula del éxito.

PAOLA OCHOA

En X: @PaolaOchoaAmaya

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