El hombre del coscorrón

Para algunos, rey del clientelismo. Para otros, artista de las filigranas electorales. Para muchos, un patriota superior: servidor público incansable, ministro estrella, vicepresidente excepcional, congresista disciplinado, gladiador electoral, adversario extraordinario, líder natural, estadista integral. Se odiaba o se amaba a Germán Vargas Lleras. Pero para nadie era indiferente con ese carácter temperamental y ese predominio sobre los demás.

Genio y figura hasta la sepultura: recio, mandón, gritón, algo neurótico, con tintes machistas, franco, apático, ambicioso y racional. Nacido y formado para mandar. Macho dominante en toda la expresión, de la misma extirpe de hombres ásperos como Vladimir Putin o Donald Trump: hoscos, firmes, enérgicos, directos, ambiciosos, perseverantes, trabajadores, competitivos. Sobrevivientes de atentados e intentos de homicidio. Con corazas de hierro, sin cursilerías ni sentimentalismos.

Alfa con todos los rasgos de dominancia y liderazgo. Corpulento y varonil en sus movimientos. Malacaroso la mayor parte del tiempo. Con tono de voz grave, profundo y resonante. Ritmo al hablar deliberadamente pausado y articulado. Sobrio al vestir. Político de traje y corbata, nada........

© El Tiempo