Ayer fui a ver ‘Avatar’ con mis hijos, confieso que sin muchas ganas. En general, nunca he tenido la sensibilidad afinada para la fantasía. Veo un árbol que habla, un pez que vuela o un entrenador de dragones y ya siento que estoy en la sala equivocada. Tal vez sea por eso que la idea de pasarme más de tres horas viendo una película sobre una tribu de seres azules en pugna contra los humanos no me resulta especialmente atractiva. Sin embargo, tal como en los sucesos de los últimos días, se abrió un espacio para lo inesperado. Entendí que los seres azules son el pueblo de la tribu Na’vi, habitantes del planeta Pandora, que miden más de tres metros y que tienen costumbres propias, como la fabricación de joyas y cerámicas, armas hechas a mano y ornamentos. Entendí que le cantan al equivalente de la Pachamama. Además, se conectan, literalmente, con otras especies a través de un lazo físico que atan entre sus cuerpos y celebran rituales y ceremonias como los de cualquier pueblo ancestral.La película, la tercera de la saga, es........
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