Una escultora del acero y un amante del chelo

Por estos días se expone en nuestra capital, en el antiguo recinto del Club Médico, una muestra de las esculturas de la artista bogotana Verónica Matiz. Los neófitos en materia de elementos susceptibles de ser transformados en arte nos sorprendemos al imaginar que el acero, insumo industrial por excelencia, pueda ser acariciado por manos expertas que lo convierten en figuras que impresionan por sus formas geométricas perfectas y fascinante colorido.

(Le puede interesar: ‘El arte de la intromisión’).

Una vibrante rigidez flexible transgrede los límites posibles de esta aleación de hierro y carbono de la que resulta el acero duro y frío. Cada obra en verdad emociona cuando su nombre se vincula a abstracciones inspiradas en sutiles delicadezas.

Para Marissi Campos, galerista y consejera artística, “existe complicidad perfecta entre el material, la artista y la obra, y esta simbiosis magistral atrae sobremanera el ojo humano, que desea seguir viendo........

© El Tiempo