Errar es humano

El de Sergio Fajardo podría costarle por tercera vez la presidencia. Tuvo todo un año para medir las ventajas de participar en una consulta, pero su ego y asesorías erráticas se lo impidieron. Sergio Fajardo se quedó varado en la no polarización, o sea, hablando de nada, cuando el país estaba ya más adelante, debatiendo con posiciones concretas sobre grandes temas nacionales. No polarizar resultó lejos de ser, por sí mismo, un programa de gobierno. No le ha quedado más remedio que presenciar cómo la Gran Consulta por Colombia se quedó con el centro, y no solo se lo tragó a él, sino a Claudia López, quien cometió otro gran error: dispararse contra Álvaro Uribe cuando le fue tan mal en su consulta. Él no es su contraparte.

LÉELA PRIMERO

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La gran equivocación de Cepeda fue escoger como fórmula a la indígena nasa Aída Quilcué, porque simbólicamente ella proyecta aún mayor radicalización que la del candidato de izquierda. Y reflejando esa arrogancia victoriosa que hoy embarga a todo el petrismo, resolvió que, más importante, era enviar un mensaje a Paloma Valencia para remarcar las diferencias entre la oligarquía y “los de abajo” que encarnan estas dos mujeres, hasta cierto punto con vidas paralelas, pero tan distantes. Cepeda se cerró en términos sectarios alrededor de una afirmación identitaria que no le aportará a la izquierda que él representa sino los votos del “yo con yo”. Porque a los indígenas no había que ganárselos: Petro ya se los había echado al bolsillo a punta de dádivas.

Paloma, gran figura del certamen, cometió un primer gran error al insinuar que Uribe podría ser su vicepresidente, que ya había propuesto Abelardo, negado Uribe y que es jurídicamente inviable. Y segundo, exclamar la ridiculez de que “Uribe es mi papá”. Se trata, precisamente, de “desuribizar” a Paloma para que dé la sensación de que tiene vuelo propio, porque el ADN de Uribe nadie se lo va a borrar.

Juan Daniel Oviedo, que logró imprimirle a esta campaña frescor y apertura con su gran inteligencia y espontaneidad, alcanzó a ‘vedetizarse’ durante las primeras horas de su triunfo electoral, cuando condicionó a la candidata con temas que ya no son primordiales en el país. La paz con las Farc es un hecho: tiene rango constitucional; y quienes de ellos gozaron 8 años de curules regaladas en el Congreso, esta vez no sacaron un solo voto en la contienda por la democracia. La inversión en las zonas más afectadas por la violencia la debe hacer el Estado, sí o sí, sin necesidad de que a Oviedo se le ocurra. La JEP, que debió mantenerse como un organismo acotado y no convertirse en el monstruo burocratizado que es hoy, tiene sus días contados, según el acuerdo de paz. De manera que, si se trata de respetar lo convenido en ese acuerdo, pues no hay lugar a abrir ninguna controversia sobre temas que incluso ya a nadie le importan en el país, porque se dan por descontados.

Y en cuanto a la paz total, se trata de un sustantivo pegado a un adjetivo que, lejos de ser un programa de gobierno, es un eufemismo. El próximo presidente deberá volver a la aplicación de la ley, que permite negociaciones a cambio de colaboración. No es con la paz total con lo que hay que acabar. Sino con el abuso de la ley, haciendo acuerdos ilegales con la delincuencia, a cambio de ningún compromiso de su parte.

La ‘vedetización’ temporal de Oviedo, que desentona con su carácter descomplicado, alcanzó a quitarle un poco de magia al momento del anuncio de la fórmula Paloma-Oviedo, respaldada por la solidez de la consulta en la que participaron y ganaron. Dos días antes habría tenido mucho más brillo. Solo resta esperar que Juan Daniel no vuelva a exhibir inmadurez política como compañero de viaje de Paloma.

También es bueno advertirle al doctor José Manuel Restrepo, un hombre respetable, que no hay ninguna necesidad, ahora como fórmula vicepresidencial de Abelardo, de andar por ahí todos los días haciendo un saludo y gritando “firmes por la patria”. Su papel no es el de ponerle votos haciendo payasadas, sino imprimirle algo de seriedad. Ojalá Restrepo no se deje trastear al mundo de las caricaturas tigrescas de De la Espriella, para rematar su falta de credibilidad.

Por último, el gran error de Roy fue uno solo: haberse lanzado. Quiso contarse con Cepeda y desatendió la orden de su jefe Petro, quien les dijo no a las consultas y ordenó dedicar todos los esfuerzos a la representación de Pacto Histórico en el Congreso y a la candidatura de Cepeda. Por cuenta de su error, se dejó notar que no es nada sin las maquinarias de Petro y que las suyas propias se traducen en 257.037 votos, que miden claramente quién es Roy Barreras hoy. Pero, como sabemos, nunca el Roy de hoy será el mismo de mañana.

MARÍA ISABEL RUEDA

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