En olor a tinta

Al escribir sobre los 115 años de EL TIEMPO, reviven en la mente momentos y personas, y se agolpan los sentimientos de nostalgia, gratitud y admiración. Y hasta de incredulidad de cómo ha pasado el tiempo en EL TIEMPO.

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Para este humilde, que llegó a esta casa en 1977 entre la ignorancia y la ilusión, mirar para atrás es conmoverse con ojos nublados al recordar a los personajes y los hechos que han marcado la historia en este medio siglo.

Uno de ellos, aquel día cuando en el ya histórico edificio de la avenida Jiménez con séptima, la primera esquina del país, el director de entonces, don Roberto García-Peña, que lo fue por 42 años, un grande y valiente del periodismo y un ser humano extraordinario, me permitió ayudarle a llevar su maletín y sus libros. Cargaba él ese día a Azorín bajo el brazo. Castilla era el libro. Por esa suerte de mi Virgen compañera, ese director, alto, de boina como Azorín, me entrevistó, como era su oficio, en dos minutos: ¿de dónde eres,........

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