Venganza de Petro contra Antioquia

Antioquia ya pagó el precio del narcotráfico. Lo pagó en sangre, en miedo y en generaciones marcadas por la violencia de Pablo Escobar. Lo pagó cuando Medellín fue sinónimo mundial de terror. Y lo superó con trabajo, con empresa y una decisión colectiva de no volver atrás. Por eso, duele que las decisiones del Gobierno revivan ese legado que tanto daño causó y utilizarlo como instrumento de presión contra una sociedad que no se ha doblegado.

El comisionado de Paz solicitó suspender las órdenes de captura contra 23 cabecillas de las estructuras criminales más peligrosas de Medellín. Tres días después, la Fiscalía accedió, otorgándoles seis meses de impunidad y libertad para delinquir. Todo esto, a meses del fin del gobierno y en plena coyuntura electoral.

La pregunta no es jurídica. Es política. Y la respuesta es contundente: esto no es una estrategia de paz, es una venganza. No hay tiempo real para un proceso serio de sometimiento. Hay, en cambio, una lógica de retaliación contra una sociedad que no se ha arrodillado ante el Gobierno y que........

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