Gobierno sin integridad
El principio más importante de todo buen gobierno es la integridad. Colombia no solo conoce ese estándar: lo ha suscrito en instrumentos como la Convención de Naciones Unidas contra la Corrupción, la Convención Interamericana y los principios de la Ocde. El problema no es la ausencia de reglas. Es que este gobierno decidió ignorarlas.
Hoy esa falta de integridad ya no es solo un problema ético. Es económico y de enormes proporciones.
Colombia enfrenta un deterioro fiscal alarmante: el déficit en 2025 alcanzó el 6,4 % del PIB, uno de los más altos de la historia. Esto significa un país que gasta muy por encima de sus posibilidades y pierde credibilidad ante los mercados. El resultado es inmediato: financiarse es más costoso, las tasas suben y la inversión se encarece. A ese desbalance se suma una política tributaria inestable y creciente, que impide cualquier planeación de largo plazo. Pero el golpe más grave es la destrucción de la seguridad jurídica.
La decisión de apartarse de los tribunales internacionales de arbitraje de inversión es, en la práctica, decirle al inversionista que entra a un país donde el Estado fija las reglas y también decide el resultado. Es invitarlo, sin rodeos, a la incertidumbre. Ese mensaje se confirma con los hechos.
La anulación del nombramiento de Cielo Rusinque evidenció el amiguismo como criterio de gobierno. No cumplía los requisitos legales mínimos –ni en experiencia ni en formación– y aun así fue designada. El Consejo de Estado fue contundente: no solo se incumplió la ley, también se desconocieron los estándares de idoneidad exigidos por la Ocde.
El caso de Hollman Morris es aún más grave. A pesar de múltiples denuncias de acoso sexual y violencia de género –incluyendo víctimas cercanas–, fue designado y sostenido en el cargo. La Flip advirtió que RTVC se convirtió en un fortín mediático del Gobierno, afectando el pluralismo informativo. Incluso mujeres del propio Pacto Histórico pidieron su salida. No pasó nada. La integridad dejó de ser relevante.
Y el caso de Jorge Carrillo en ISA es prueba clara de cómo se manipulan las reglas. El Consejo de Estado encontró que no cumplía los requisitos y que el proceso fue alterado para favorecerlo: se cambiaron criterios en plena selección, la junta asumió funciones técnicas que no le correspondían y se ignoraron evaluaciones independientes. No fue un error: fue un proceso direccionado.
A esto se suma el comportamiento de la Superintendencia de Industria y Comercio, que debería ser garante de la libre competencia y hoy es percibida como una policía política, que presiona al que se atreve a discrepar. Cuando la autoridad deja de ser técnica y se vuelve intimidatoria, la inversión simplemente se retrae, y así lo advirtió la Procuraduría donde señaló la ilegalidad de sus actuaciones.
Colombia enfrenta un deterioro fiscal alarmante: el déficit en 2025 alcanzó el 6,4 % del PIB, uno de los más altos de la historia. Esto significa un país que gasta muy por encima de sus posibilidades y pierde credibilidad ante los mercados
El Gobierno destrozó la carrera diplomática, convirtió el Ministerio de la Igualdad en un fortín burocrático, instrumentalizó entidades como el Sena, el ICBF, Invías, Findeter, entre muchas otras, y comprometió recursos públicos en magnitudes cuestionables en plena antesala electoral. El resultado es el coctel perfecto: déficit fiscal, impuestos inciertos, inseguridad jurídica, instituciones debilitadas y persecución desde el propio Estado.
Ninguna economía resiste eso. El mayor daño de este gobierno no es solo económico o de seguridad. Es la destrucción de la integridad pública. Y cuando un país normaliza el amiguismo, el clientelismo y la manipulación de las reglas, deja de ser un destino de inversión para convertirse en un riesgo. Colombia perdió toda su integralidad.
P. D. A Miguel Uribe lo asesinó la ‘Segunda Marquetalia’, fortalecida bajo el gobierno Petro, que suspendió órdenes de captura en su contra mientras consolidaban su poder criminal. Petro podrá intentar evadir su responsabilidad, pero existen crímenes que persiguen a quienes los hicieron posibles.
LUIS FELIPE HENAO CARDONA
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