menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Alarma por la seguridad aérea

19 0
monday

No quiero ser un sembrador de pánico ni quiero magnificar la situación. Quiero, como ciudadano, informes en mano, reclamar a la Aeronáutica Civil y al Ministerio de Transporte, por la alarmante situación que enfrenta la seguridad aérea en El Dorado.

Los detallados informes que prepararon nuestros aliados de Red Más Noticias, las notas de ‘Noticias RCN’, y el trabajo del equipo de La FM, no dejan lugar a dudas: nos hemos salvado de una tragedia aérea de grandes proporciones en Bogotá por obra y gracia del Espíritu Santo y porque mi Dios es muy grande.

Cuando el país se estremece por episodios como el del helicóptero militar que orondo se atraviesa en las pistas civiles habiendo podido causar una catástrofe, se forma un revuelo y a los pocos días todo sigue igual.

Desde entonces han ocurrido varios episodios de enorme gravedad, y las decisiones y correctivos de fondo no se han adoptado.

Tan irresponsable es la normalización de lo que sucede y el empeño de minimizar la gravedad del asunto que nos vinimos a enterar del más reciente episodio, ocurrido con un avión de Wingo, gracias a la diligencia investigativa de Red Más.

Y no es culpa de las aerolíneas lo que está ocurriendo.

* * * *

Los problemas se pueden agrupar en grandes capítulos y, entre otros más, en 10 frentes que causan honda preocupación.

1) Equipos dañados, obsoletos, con reportes de fallas permanentes o intermitentes, incluidos radares (no solo en Bogotá) y equipos varios.

2) Insuficiencia documentada de decenas de controladores aéreos. Dicen que cerca de 80.

3) Ausencia de protocolos adecuados para comunicar torres y para sincronizar las aeronaves militares con las civiles.

4) Precariedad de equipos de rescate e incluso de bomberos.

5) Insuficiencia presupuestal.

6) Precarios procesos de planeación, de gestión administrativa y coordinación de las distintas concesiones que conviven en el aeropuerto.

7) Ausencia de protocolos relevantes.

8) Crecimiento del número de pasajeros y viajeros sin plenitud de las adecuaciones técnicas requeridas.

9) Inadecuada gestión de ‘slots’ (y eso que la presión mediática logró detener un proceso delirante que querían poner en marcha).

10) Inestabilidad y rotación constante en la Dirección de la entidad, con cuestionamientos puntuales sobre la idoneidad y conocimiento específico del propio director.

* * * *

Con el debido respeto, me sorprende la pasividad de los incumbentes. El desdén en la propia Aerocivil. La intermitencia en el seguimiento del Ministerio de Transporte. El desgano de los órganos de control. La minimización del tema desde la Casa de Nariño. En fin.

Señores: está en juego la vida de los pasajeros. ¿Qué más requieren para tomar acción? ¿Qué más debe pasar antes de que adopten los correctivos urgentes? ¿Qué más?

* * * *

Dos notas finales.

1) El informe de la Unidad Investigativa.

Cuando ya estaba casi terminada esta columna, y su soporte reportado a lo largo de la semana, leo el informe de la Unidad Investigativa de este diario que suma más interrogantes, dudas y sombras en la Aerocivil.

Sin prejuzgar, los órganos de investigación deben intervenir y cumplir con su tarea con toda prontitud.

Señores: está en juego la vida de los pasajeros. ¿Qué más requieren para tomar acción? ¿Qué más debe pasar antes de que adopten los correctivos urgentes? ¿Qué más?

2) El radar del aeropuerto de Rionegro/Medellín.

El viernes, cuando el vuelo en el que yo viajaba a Medellín estaba próximo a aterrizar, el capitán nos avisó que no era posible hacerlo por un problema del radar en el aeropuerto.

Después de sostener un rato el vuelo dando vueltas en Antioquia autorizaron la aproximación y el avión aterrizó normalmente. Si esa autorización se hubiera demorado 2 o 3 minutos más, habría sido necesario regresar a Bogotá.

Al parecer, el problema con los radares no se limita a Bogotá. También en Medellín. Exigimos explicaciones.

JUAN LOZANO

(Lea todas las columnas de Juan Lozano en EL TIEMPO aquí)


© El Tiempo