Venezuela obliga a una doble exigencia incómoda pero ineludible: memoria y pragmatismo al mismo tiempo. Memoria para no olvidar –ni relativizar– que el régimen de Nicolás Maduro no ha sido simplemente un mal gobierno, sino un sistema de represión sostenida. Presos políticos por cientos, manifestantes asesinados, torturas documentadas, desapariciones forzadas, millones de venezolanos empujados al exilio. Por eso, cualquier discusión seria sobre el futuro de Venezuela tiene que partir de una premisa clara: lo que ocurrió fue grave, sistemático y no puede normalizarse. (Le puede interesar: Y sí, ¡está en sus manos!).Pero tan peligroso como el olvido es el autoengaño. El error opuesto –igual de dañino– es creer que la indignación moral, por sí sola, cambia la realidad. El tablero no se reinicia y aunque a muchos no les guste lo que hizo el presidente Trump, lo hecho hecho está. Ninguna transición comienza donde uno quisiera ni con los actores........