Nuevos nombres, buenas razones

Desde hace semanas, en RCN y EL TIEMPO, venimos insistiendo en algo que suele perderse entre el ruido de la política diaria: el Congreso sí importa. Lo hicimos con debates con las cabezas de lista de los partidos políticos y los candidatos a las consultas; con conversaciones digitales que alcanzaron más de 38 millones de personas y generaron más de 400.000 interacciones. En el noticiero de televisión con secciones como ‘A lo que vinimos’ junto a Johana Amaya, y espacios como La mesa ancha, con Maritza Aristizábal, y Parchando con los jóvenes, con Óscar Ramírez, oímos con auténtico pluralismo a más de 200 aspirantes al Senado y a la Cámara, de todas las regiones y vertientes ideológicas. No fue espectáculo: fue pedagogía democrática.

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Después de oírlos, mi conclusión es clara: hay que premiar la renovación y muchos de esos “nuevos” están en la Cámara de Representantes, donde hay más opciones distintas, pero también más dificultad para escoger. Por eso quiero enfocarme ahí y simplemente mencionar algunos nombres –¡de tantos!– que me han parecido interesantes.

Paula Moreno, candidata a la cámara por Bogotá, en la lista de Oviedo, con una trayectoria sólida, insistiendo en que la política vuelva a hablar de oportunidades reales. Juan David Aristizábal, candidato a la Cámara por Bogotá, con el 111 del Nuevo Liberalismo, llega desde el emprendimiento social con una mirada concreta sobre empleo joven, educación y emprendimiento. Mateo Cardona, con el 102, candidato a la Cámara en Quindío, de Dignidad y Compromiso, representa una generación que entiende el desarrollo regional más allá del centralismo.

Jota Rincón, candidata a la Cámara por Bogotá, con el 105 del Nuevo Liberalismo, sí que sabe de educación superior y lucha por la igualdad. Carolina Arbeláez, candidata a la Cámara por Bogotá, numero 101 en el tarjetón, combina experiencia en lo público con verdadera capacidad de gestión. Camilo Enciso, también en Bogotá, con el 101 de Dignidad y Compromiso, pone sobre la mesa el control efectivo del Estado. Juana Afanador, una consistente defensora de los derechos de la mujer, con el 101 de la alianza ABC.

No son idénticos ni piensan igual. Y justamente por eso merecen ser leídos, comparados y evaluados con cuidado.

En el Centro Democrático, en la Cámara por Bogotá, se destacan dos nombres: Sofi Araújo, número 118 de ese partido, ha logrado conectar con jóvenes desde una narrativa directa sobre seguridad y participación y Daniel Briceño, número 101 del CD, ha hecho del control político riguroso una bandera altamente reconocible.

En otra orilla, Mauricio Toro, candidato a la Cámara por Bogotá, con el número 105, insiste en la necesidad de consensos legislativos sin ingenuidad. Ya estuvo ahí y merece volver. En la Cámara por Antioquia, del Centro Democrático, un nombre: Federico Hoyos, con el número 104, aporta una mirada técnica sobre buena política y transparencia. Alejandro García, en Risaralda, con el número 101 del Verde, representa renovación territorial y cercanía con la ciudadanía. Y Edwin Maldonado, número 110 en el tarjetón del Valle del Cauca, por la alianza de Ahora Colombia, defiende la empresa privada y sabe de desarrollo económico.

No son idénticos ni piensan igual. Y justamente por eso merecen ser leídos, comparados y evaluados con cuidado.

Déjenme terminar con un reconocimiento: el que merece David Luna, quizá el candidato presidencial más decente de esta campaña; coherente, propositivo, generoso con sus compañeros y empeñado en construir más que en destruir. En tiempos de gritería, eso no es poco.

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Una ñapa: el último Carnaval de Barranquilla dejó cifras que hablan solas: un impacto económico estimado en 840.000 millones de pesos, más de 820.000 visitantes y unos 190.000 empleos creados por esta fiesta, entre directos e indirectos. Gracias, Juancho Jaramillo, por tremenda gestión.

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