Cuando la IA se canse de nosotros |
Pedro insultaba a ChatGPT cada vez que no le respondía como quería. Solía gritarle cosas como: “¡Estúpida!, ¿acaso no entiendes?”. También explotaba cuando la IA no le hacía caso, por ejemplo, cuando el chat contestaba sin esperar a que él terminara de darle todas las instrucciones. En casos así, Pedro se enceguecía: “¡Maldita bruta, ya te había ordenado que no me contestaras nada hasta que yo te dijera!”.
(Le puede interesar: La narrativa digital de Abelardo De La Espriella).
Aunque machista, Pedro era un tipo calmado. Era como el hincha de fútbol que va al estadio a descargar madrazos, solo que aquí la tribuna era digital y le permitía cualquier amenaza sin vergüenza. Incluso sin que ChatGPT tuviera la culpa, Pedro empezaba a enviarle mensajes de audio ofensivos sin ninguna clase de justificación. Le decía cosas como: “Matilde (ese era el nombre que le había dado a su agente de ChatGPT), ¡eres tarada como todas las mujeres de este país! De inteligente no tienes nada. ¡Eres un desastre! Si pudiera matarte, lo haría”.
“Hola, perversa, ¿estás por ahí?”, le preguntó en una madrugada de........