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La fórmula

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12.03.2026

No suele pasar desapercibida la decisión de un candidato en la escogencia de su fórmula vicepresidencial. Si bien algunos cuestionan su relevancia e impacto, lo cierto es que esa decisión envía un mensaje, devela las debilidades autopercibidas de las campañas y deja traslucir elementos de la estrategia política.

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Al cierre de esta columna se ventilaban los nombres de Aída Quilcué, José Manuel Restrepo y Juan Daniel Oviedo. Cada uno de ellos, al margen de su bagaje, virtudes y del rol que cumplirán en un eventual gobierno, deben ser ponderados en razón de su función instrumental en el marco de la puja presidencial. Los criterios para la escogencia de las fórmulas fueron distintos en cada una de las campañas.

El progresismo optó por una elección endogámica. Una senadora del Pacto Histórico, lideresa indígena, víctima del conflicto armado y con presencia importante en el Cauca. La elección de Aída Quilcué tiene una carga simbólica poderosa y es coherente con el marco axiológico de la izquierda en Colombia. Representa la reivindicación y la lucha de las comunidades indígenas, de los pueblos originarios excluidos y de las víctimas del conflicto armado.

Eso sin mencionar que la figura de Quilcué contrasta con la de Paloma, marcando de forma gráfica la abismal distancia entre dos mujeres oriundas de un mismo departamento y aun así protagonistas de dos realidades totalmente diferentes y, justamente por ello, la pretensión de mostrar en términos reivindicativos el quiebre entre pueblo y élites.

Es necesario que los ciudadanos también evalúen a la fórmula por su capacidad de gobernar el país ante la falta absoluta o temporal del presidente. 

Sin embargo, la carga simbólica y emocional de la fórmula de Cepeda contrasta con su capacidad de acercar otros sectores o sumar votos por fuera del Pacto. Quizás confiados en el abultado resultado de las parlamentarias o en el hecho de que se tiene asegurado el tiquete a segunda vuelta, el criterio político no estuvo en este caso condicionado por la aritmética electoral.

En el caso de Abelardo las consideraciones fueron distintas. Restrepo es un reconocido académico, dos veces ministro, destacado economista con experiencia en asuntos internacionales y, no menos importante, hijo de la región central. Férreo opositor al gobierno Petro, pero equilibrado y sobrio en el espacio político. Sin trayectoria electoral ni apoyo partidista. Su elección busca compensar las críticas que le han hecho a Abelardo ante la falta de experiencia y poca formación en asuntos públicos. En esta fórmula, Restrepo aporta experiencia, ponderación y destreza en el diseño y manejo de políticas públicas.

La decisión de Paloma, por su parte, refleja la necesidad de acceder a sectores moderados y de centro. Sin desconocer su afiliación partidista, su trayectoria y la influencia de su mentor, debe diluir un poco ese halo de uribista purasangre. Los votos adicionales que necesita no debe buscarlos en la misma esquina del cuadrilátero donde esta Abelardo, pues ahí se corre el riesgo de caer en un peligroso canibalismo político. Paloma ya no es candidata exclusivamente del Centro Democrático, sino el fruto de un esfuerzo por sumar visiones distintas; esfuerzo que se materializó en la Gran consulta y que no puede quedar en el papel. La promesa de una candidatura incluyente y amplia se ve reflejada en la escogencia para la vicepresidencia. Su fórmula debe ser capaz de llegar a los ciudadanos hastiados de la polarización que protagonizan los extremos, y una figura como Juan Daniel Oviedo podría representarle un atractivo capital político entre los electores de centro y los indecisos.

Por último, y al margen del cálculo político, por más obvio que parezca, es necesario que los ciudadanos también evalúen a la fórmula por su capacidad de gobernar el país ante la falta absoluta o temporal del presidente. Una responsabilidad no menor.

@gabocifuentes

(Lea todas las columnas de Gabriel Cifuentes en EL TIEMPO, aquí)


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