Se inicia este año con un puñado de gobernantes que parecieran competir por el premio al más desquiciado. Algunos como Putin, Trump o Netanyahu tienen juguetes que los convierten en los peores matones del barrio, mientras otros hacen sus escenificaciones en espacios más reducidos, pues sus países no están para disparar misiles, pasear portaviones o al menos entender el alcance de sus bravuconadas en la vida cotidiana. Todo esto viene adornado, desde luego, con una total ausencia de vergüenza para decir tonterías, tomar decisiones que violentan no solo el sentido común sino las leyes propias y las ajenas, sin hablar de la irrefrenable propensión a adueñarse de los bienes comunes como si por algún extraño derecho les pertenecieran. Cada uno reclama el apoyo de su pueblo: este para invadir, aquel para que lo liberen, el de allí para que no lo amenacen, mientras cada quien a su modo se ha propuesto agredir sistemáticamente a una porción de ciudadanos que generalmente crece con más velocidad que aquella a la cual le piden adoración,........