Cartagena: bien, pero faltan baños públicos |
SEÑOR DIRECTOR:
La semana pasada viajé a Cartagena, y quiero expresar mi reconocimiento por la gran labor que están realizando. Es emocionante ver que la ciudad finalmente tiene una administración que se preocupa por su rostro: las calles están más limpias, las obras avanzan y la siembra de plantas ha devuelto la vida y la belleza a nuestros espacios comunes.
Para complementar este excelente trabajo de embellecimiento y asegurar que sea sostenible, quiero sugerir algo que considero vital: la instalación de baños públicos en puntos clave de la ciudad. De nada sirve el gran esfuerzo de sembrar plantas y limpiar fachadas si, ante la falta de servicios sanitarios, los rincones de la ciudad terminan siendo mal utilizados.
Cartagena es nuestra vitrina al mundo. Un turista que recorre el centro histórico, Getsemaní o las playas no debería pasar angustias buscando un servicio básico. Implementar baños dignos nos pone a la altura de las grandes capitales turísticas globales. Un sistema de baterías sanitarias (que incluso podrían ser autosostenibles) garantiza que el espacio público sea un lugar sano y respetuoso para todos.
Alba Basto
La propina ‘voluntaria’
SEÑOR DIRECTOR:
La Ley 1935 del 2018 define la propina como un reconocimiento personal al buen servicio y su pago como voluntario. Sin embargo, la gran mayoría de restaurantes hacen de esta norma letra muerta al incluir en sus facturas este cobro, lo cual los lleva a responder la incómoda pregunta de los meseros, de si incluyen en la cuenta la propina, o para tener que decirles que se paga solo el consumo. Con el incremento del salario mínimo a 2 millones de pesos, la propina se volvió aún más voluntaria. Yo, por ejemplo, exijo siempre que se borre la propina de la factura y se la doy en efectivo a la persona que me atendió, siempre y cuando la calidad del servicio así lo amerite. Hay una ley que nos protege de esta clase de abusos, depende de todos nosotros que la hagamos cumplir.
Wadid Arana D
El país que dejará Petro
SEÑOR DIRECTOR:
Deja un país polarizado, empobrecido, sin obras que mostrar, un servicio de salud en caos y las EPS quebradas por su teoría del “shu, shu, shu”.
La ‘paz total’, un fracaso; aumentó la producción de hoja de coca en un 300 por ciento, siendo catalogados como los mayores productores de cocaína en el mundo, e incrementó la minería ilegal como fuente de rentas criminales y control territorial.
Una juventud engañada, sin ilusiones ni visión. Desprestigio internacional, al querer pasar como salvador del mundo con su política ecológica, defendiendo causas ajenas y confrontaciones entre países asiáticos en lugar de reconocer que en Colombia tenemos una guerra interna.
La economía con un déficit fiscal nunca visto, inversión extranjera nula, despilfarro de recursos en ayudas a otros países y viajes presidenciales innecesarios.
Este es el país que dejará Petro. Con la consigna de que, si no gana su elegido, se desatarán manifestaciones en las ciudades o, como ellos lo llaman, “estallido social”.
Álvaro Sandoval Gómez