Dos libros valiosos |
Entre los libros de autores colombianos que leí durante el año 2025, dos llamaron mi atención por tocar asuntos relacionados con la violencia política y el futuro incierto de nuestro país.
El primero de ellos es el escrito por Ricardo Silva Romero, autor prolífico, columnista de este periódico. Su título, ‘Mural’, pareciera no significar nada, pero dice mucho. La cubierta la ocupa una fotografía del famoso cuadro ‘El triunfo de la muerte’, de Pieter Bruegel el Viejo, pintado en 1562. El tema ilustra muy bien el mensaje que Silva Romero quiso enviar a sus lectores: la despiadada muerte haciendo de las suyas en la aciaga toma del Palacio de Justicia ocurrida el 6 de noviembre de 1985, cuando el escritor apenas frisaba en los diez años.
Servirse de esa pintura como puerta de entrada al contenido del libro fue un buen recurso. Quien lo observe con detenimiento se sobrecoge de horror, pues es un reguero de cadáveres y de unos pocos vivos asediados por la esquelética muerte. En mi biblioteca encontré que Werner Schreiber ya lo había utilizado en 1987 para ilustrar la cubierta de su libro ‘Infectio.Infectious Diseases in the History of Medicine’ (Basilea, Suiza).
Sobre lo ocurrido aquella fecha en el Palacio de Justicia es mucho lo que se ha escrito y se ha hablado. Pareciera que ya no hubiera nada que añadir. Lo que tiene de novedosa la narración de Silva Romero es la minuciosidad del relato, basada en expedientes, en videos, en testimonios de los sobrevivientes y de familiares de los fallecidos. Deja la impresión de que no se escapó nadie que hubiera estado presente en aquel dantesco episodio, identificando cada uno con su nombre y su edad precisos.
Al decir del magistrado Fernando Uribe Restrepo –citado en el libro–, la toma del Palacio de Justicia fue un acto de barbarie extrema: “Tanto la acción del M-19 como la respuesta del Ejército crearon el más cruento magnicidio de la historia de nuestra patria”. Precisamente, esos episodios fueron los que inspiraron al autor de ‘Mural’, quien advierte al lector: “Hay que saber contar la historia que nos ha tocado en suerte. Hay que hallarle el final a tiempo, ya, antes de que no parezca ficción, sino mentira”. Leído el libro se llega a la conclusión de que el escritor fue original al contar la historia, dejando la impresión de que fuera un relato de ficción, una realidad imaginada, de algo sucedido en el pasado, pero que sigue palpitando en el presente.
El segundo de los libros que voy a comentar es un documento autobiográfico, matizado con datos históricos, escrito por alguien intelectualmente confiable. Doy fe de ello, pues he seguido de cerca sus ejecutorias. Fue rector de la Universidad Nacional (UN). Incursionó en política escalando la posición de senador de la república, y en la diplomacia como cónsul general en Múnich (Alemania).
Cuando cursaba la carrera de Economía en la UN, las universidades públicas eran hervideros políticos, donde la utopía de cambiar el mundo era inquietud constante para quienes militaban en los movimientos de izquierda. Por eso el libro se titula ‘Utopía de los años 60’. “La academia y la política eran caminos inseparables en la construcción de una utopía tangible”, dice su autor, el neivano Ricardo Mosquera Mesa (1946). En un principio simpatizó con el M-19, pero se alejó cuando se dio cuenta de “que estaba cruzando líneas que no podían justificarse”. Becado por el BID para estudiar en México, se graduó como maestro en Desarrollo Urbano. Para entonces había entendido que “la utopía no era solo una meta distante, sino un ejercicio diario de imaginar un mundo diferente y encontrar las herramientas para hacerlo posible”.
En la UN, además de rector, ha sido profesor y representante de los exrectores en el Consejo Superior. Precisamente, por decisión mayoritaria, los exrectores lo hemos vuelto a elegir para desempeñar el cargo en momentos críticos por los que atraviesa la ‘alma mater’. Al igual que el exministro Alejandro Gaviria, prologuista del libro, sabemos que Mosquera Mesa mantiene el utopismo como una esperanza realizable.
FERNANDO SÁNCHEZ TORRES
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