Los partidos tradicionales en el Congreso: la verdadera mayoría de la que nadie habla

Desde las orillas del petrismo y la oposición celebraron los resultados de las elecciones legislativas del 8 de marzo, luego de ver que habían cumplido con los objetivos de crecimiento en su representación. Pero los verdaderos ganadores de las votaciones al Congreso, que en una imagen más amplia sumarán una silenciosa mayoría en el Congreso, son cuatro partidos tradicionales que hace mucho perdieron su razón de ser.

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Según los números del preconteo publicados por la Registraduría, el Pacto Histórico sumó el 22,72 por ciento de los 19,4 millones de votos al Senado y el Centro Democrático alcanzó el 15,62 por ciento. Los dos aumentaron su representación en el Congreso y sus dirigentes celebraron con toda razón los resultados obtenidos. Pero mientras los dos partidos más votados del país ocuparon la mayoría de los titulares sobre la conformación del Congreso, en medio de una discusión nacional cada vez más dividida y aguda, poco se habló del rol que cumplirán los partidos Liberal, Conservador, 'la U' y Cambio Radical en el próximo cuatrienio.

Si bien los cuatro perdieron curules en el Congreso frente al periodo legislativo anterior, durante el próximo gobierno conservarán un poder inmenso: el de inclinar la balanza para cualquiera que sea el líder que llegue a la presidencia. Y la ambigüedad ideológica asumida por esas organizaciones, que en épocas de partidos más sólidos hubiera colapsado sus objetivos electorales en instantes, ahora les sirve perfectamente para ponerse la camiseta de cualquier sector político encargado de liderar el país. Esto está lejos de ser el comienzo de estas prácticas y recientemente ha llevado a escenarios tan carentes de lógica, como la decisión del Partido Conservador de ingresar a la actual coalición de gobierno, a pesar de que sus banderas originales suponían una distancia abismal con la administración Petro, únicamente para poder obtener una parte de la burocracia del Ejecutivo.

Luego de las elecciones del pasado 8 de marzo, mientras todos hablaban de las votaciones del Pacto Histórico y el Centro Democrático, el Partido Liberal quedó con el 11,7 por ciento de los votos al Senado; el Conservador, con el 9,59 por ciento; 'la U', con el 8,06 por ciento y Cambio Radical, con el 6,42 por ciento. Y sin contar las coaliciones regionales, en la Cámara de Representantes los liberales sumaron el 11,13 por ciento; los conservadores, el 10,41 por ciento; 'la U', el 5,54 por ciento y Cambio Radical, el 4,24 por ciento. Estos partidos, que en muchas ocasiones se han organizado para negociar como bloque en el Congreso, ahora mantienen el 35,7 por ciento de los votos en el Senado y el 31,3 por ciento de los de la Cámara. Aunque perdieron algunas curules frente al anterior periodo, esta es la verdadera mayoría de la que nadie habla y que inclinará cualquier balanza para un gobierno que necesitará al menos 25 votos adicionales a los que obtuvieron sus respectivos partidos.

Si alguna vez los partidos fueron instituciones que daban discusiones políticas e ideológicas, hoy se han convertido en empresas electorales.

De fondo, esto tiene una gran implicación, pues el próximo gobierno seguramente dará un giro hacia un campo más radical de la izquierda o la derecha. Y los dos sectores políticos más votados —la oposición y el petrismo—, de los que probablemente vendrá el próximo presidente, no cuentan con números cercanos a la mayoría absoluta para pasar eventuales reformas y proyectos. Por lo tanto, sea quien sea que resulte elegido presidente de la República este año dependerá de los votos de este bloque de partidos para alcanzar los números requeridos para impulsar sus agendas. Esto les permitirá a los ‘tradicionales’ mantener un poder desmedido que han sabido proteger durante más de diez años.

Está claro que este sistema no es nuevo, pero sí es un hecho que se ha agudizado en los años recientes. Los partidos tradicionales ya ni siquiera se preocupan por lanzar candidatos a la presidencia, algo que en el pasado era su principal razón de ser. Ahora, si acaso, avalan a uno de los posibles ganadores y al final ingresan a la coalición de gobierno a cambio de unos pocos ministerios y direcciones de entidades. Con la excepción valiosa de algunos de sus integrantes, especialmente de Cambio Radical, y, de manera particular, en los debates de la reforma de la salud en el Senado, fueron muchos los legisladores de estos partidos que decidieron entregarse al petrismo y no tardarían un minuto en ponerse la camiseta del próximo gobierno, incluso ante la ausencia total de coincidencias ideológicas.

Si alguna vez los partidos fueron instituciones que daban discusiones políticas e ideológicas, hoy se han convertido en empresas electorales sin candidatos propios, con el único objetivo de apoyar al siguiente gobierno sin importar sus ideas. En esta forma de entender la política nacen muchos de los problemas de la democracia, como la corrupción y la pérdida de confianza en las instituciones. Por eso, en la nueva temporada que está por comenzar, debemos asumir el seguimiento constante de las labores del Congreso, sus debates y sus decisiones.

@fernandoposada_

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