La vida de Chuck Norris

Hubo un momento, en los ochenta, en el que Chuck Norris estaba en todas partes: aquí en Colombia, donde también tuvo miles de seguidores, aparecía en las fachadas gigantescas de los cines, en la programación de los dos canales de televisión, en las películas de Betamax que ponían en las flotas que iban por las carreteras llenas de curvas del país.

Alguna vez lo llamaron “el Bruce Lee rubio”. Fue mucho más que eso, por supuesto: campeón mundial de karate, gurú de estrellas de Hollywood, villano del cine de artes marciales, héroe de acción, autor de best sellers de autoayuda, novelista, activista conservador, filántropo cristiano, protagonista de memes.

Carlos Ray Norris nació en Oklahoma el 10 de marzo de 1940 y murió en Hawái este viernes cuando acababa de cumplir 86 años. Su vida fue una suma de culturas: no solo nació en una familia de raíces irlandesas, alemanas, cheroquis e inglesas, sino que se ganó el apodo Chuck en la base de la fuerza aérea de Corea del Sur, en la que aprendió tangsudo, regresó a la vida civil a abrir una cadena de karate en Estados Unidos y recorrió el planeta convertido en un campeón mundial de la disciplina. Fueron Bruce Lee y Steve McQueen quienes lo convencieron de convertirse en actor. Pronto fue la estrella de las taquilleras El furor del dragón (1972), Invasión U.S.A. (1985) y Fuerza Delta (1986).

No solo vivió aquel éxito con el gran público que terminó de consolidarse en los noventa gracias a la serie de televisión Walker, Texas Ranger. Con McQuade el lobo solitario (1983), una suerte de “espagueti wéstern” cruzado con cine de artes marciales, alcanzó el reconocimiento de la crítica.

El siglo XXI lo vio volverse una figura de internet: las nuevas generaciones lo entendieron como un ejemplo de fortaleza y sabiduría. Se fue del mundo convertido en una figura central de esta cultura global –un héroe a puño limpio– que ha compartido la ilusión de estar a salvo.


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