Hablaron las ciudades |
Pocas veces se había expresado un sentimiento tan generalizado como el que manifestaron las capitales del país en su más reciente asamblea, celebrada en Medellín: el abandono en que las ha mantenido el Gobierno Nacional. Dicho esto, también quedaron claros el poder resiliente de esas ciudades y lo determinantes que resultan para el aparato productivo del país, al tiempo que reclamaron una mayor independencia a la hora de buscar acercamientos con otros Estados.
Si Colombia es un país de regiones, las capitales son el motor de su desarrollo. Ellas generan el 54 por ciento del PIB y agrupan al 73 por ciento del tejido empresarial, amén de ser las principales proveedoras de empleo formal; agrupan al 50 por ciento de la población nacional y, junto al sector privado, han tenido un proceso transformador tanto en lo urbano como en lo social.
Sin embargo, no ha sido una tarea fácil. Particularmente durante el transcurrir del actual gobierno, que se ha caracterizado por sus constantes críticas a los mandatarios locales, la falta de apoyo en materia de seguridad, la escasa convocatoria para propósitos nacionales y un evidente desdén, particularmente con los alcaldes de las principales ciudades: Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla.
Eso quedó en evidencia en la asamblea de Asocapitales, en la que los jefes de las administraciones, en cabeza del director de dicho organismo, Andrés Santamaría, manifestaron el abandono en que los ha sumido el Ejecutivo y la exacerbada centralización expresada a través de decisiones como la limitación de recursos y medidas unilaterales en detrimento de la autonomía administrativa. La poca química que se dio al comienzo del Gobierno se fue perdiendo con los años.
Es clave que los candidatos conozcan la agenda de prioridades de los alcaldes para garantizar una relación más constructiva.
El tema de seguridad es uno de los más críticos. Conductas criminales como el narcotráfico, la extorsión, la trata de personas, el secuestro y la presencia de estructuras criminales requieren un trabajo conjunto con el Gobierno Nacional. Así se lo han hecho saber en varias reuniones. Sin embargo, las prioridades parecen estar más en los señalamientos políticos que en la construcción de un diálogo permanente y fluido.
En su asamblea, los alcaldes también reclamaron mayor autonomía, no solo en materia de seguridad, sino mayores y mejores fuentes de financiación, mayor autonomía presupuestal, una visión conjunta para afrontar el cambio climático –que hoy está causando estragos en varios centros urbanos del país– y un impulso decidido al desarrollo sostenible.
Y tienen razón los alcaldes. Esa falta de coincidencias con el Ejecutivo, producto de una terca mirada estatista del Gobierno que ignora a los poderes locales y regionales, ha hecho que muchas ciudades se vean abocadas a generar nuevos espacios de diálogo con otros actores, particularmente el sector privado, y alianzas entre ellas mismas.
De ahí el llamado para que los candidatos presidenciales conozcan ese portafolio de prioridades que sugieren los alcaldes del país y apuesten por una agenda común de trabajo, de respeto por la autonomía de cada quien –lo que también reclaman los gobernadores– y se recupere el diálogo, tan necesario, que debe existir para afrontar tantos desafios.