Napoleón ‘no puede’ controlar a sus generales digitales |
Napoleón —perdón, Napotigre— pregona a los cuatro vientos que es el candidato de la mano dura. El hombre que, en 90 días, pondrá orden en un país que parece haber olvidado qué es la autoridad. Lo repite en entrevistas en los medios de los de siempre, lo grita en tarima, lo convierte en mantra. Pero hay un detalle que no encaja con ese relato: no ha sido capaz —o no ha querido— controlar a sus propios generales digitales.
Y no hablamos de espontáneos. Hablamos de unos jóvenes que lo acompañan de plaza en plaza, que están en sus camerinos, que celebran cada gesto del candidato como si fuera una epifanía. Uno de ellos incluso le agradeció públicamente por haberlo subido a un helicóptero por primera vez. No son ruedas sueltas. Son parte del dispositivo. Y como suele ocurrir en política, quien acompaña en campaña gobierna después. Es la campaña del todo vale.
Desde esas trincheras digitales han emprendido una ofensiva sistemática contra Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo. No es crítica política. Es otra cosa totalmente distinta. Basta revisar sus publicaciones: acusaciones sin sustento, insinuaciones diseñadas para sembrar duda, piezas que apelan más a la reacción emocional que a la verdad. En un ecosistema donde la desinformación viaja más rápido que los hechos, ese tipo de contenido no es inocuo. Es muy eficaz.
Aquí es donde la narrativa del candidato napoleónico empieza a resquebrajarse. Porque la pregunta no es si puede controlarlos. La pregunta es si quiere hacerlo. Y todo indica que no.
La historia política está llena de campañas duras. En las primarias republicanas de 2016, Marco Rubio atacó con todo a Donald Trump. En 2008, Hillary Clinton y Barack Obama protagonizaron una contienda feroz. La confrontación, incluso la más áspera, hace parte del juego democrático. Pero hay una diferencia fundamental: se da de frente. No se delega en terceros para decir lo que el candidato no está dispuesto a sostener públicamente. Ese es el punto. No es la dureza, sino la simulación.
Mientras Napotigre pide respeto por sus adversarios, su maquinaria digital hace exactamente lo contrario. Mientras habla de orden, tolera —cuando no incentiva— el desorden informativo. Mientras se presenta como una figura de impecable rectitud, permite que otros crucen las líneas que él prefiere no pisar en público.
En un país como Colombia, donde la palabra ha sido antesala de la violencia, trivializar el impacto de la agresión verbal es, por decir lo menos, irresponsable. “Dejen de llorar”, dicen los defensores de Abelardo, como si la degradación del debate fuera un daño colateral inevitable y no una decisión consciente.
Pero lo más revelador de todo este ejercicio que estamos presenciando no es lo que hacen los generales digitales del emperador. Es lo que eso dice de su candidato. Porque al final, el problema no es que Napoleón pierda el control del ejército. Es que lo usa para atacar mientras finge estar por encima de la batalla. ¿Es ese el líder que queremos? ¿Alguien incapaz de dar la cara?
En un país como Colombia, donde la palabra ha sido antesala de la violencia, trivializar el impacto de la agresión verbal es, por decir lo menos, irresponsable
Colombia merece alguien que sepa ser frentera siempre, no a ratos. Colombia merece alguien que no sea pequeña de estatura ética y moral. Colombia merece alguien que piense en que somos una nación de 50 millones de habitantes y no del grupo de amiguetes que quieren cuidar sus activos. La estrategia digital de los generales del abelardismo ha demostrado que no entienden este país. Colombia no necesita al Petro del otro lado.
En política, como en la vida, uno es lo que tolera, y quien aspira a gobernar un país no puede darse el lujo de hablar de orden mientras permite el caos, ni de exigir respeto mientras se beneficia de la infamia. El liderazgo no se mide en lo que se proclama en tarima, sino en lo que se permite en la sombra. Y ahí es donde este Napoleón parece más un jefe de campaña dispuesto a todo. El candidato del todo vale.
DIEGO A. SANTOS
Analista digital
En X: @DiegoASantos
(Lea todas las columnas de Diego Santos en EL TIEMPO, aquí)