Israel apagó por completo a Irán con histórico ciberataque |
Un tema del que no se ha hablado mucho en la extensa cobertura que han hecho los medios internacionales de la ofensiva de Estados Unidos e Israel para eliminar a los líderes terroristas del Gobierno iraní es el ciberataque israelí que noqueó la conectividad de Irán y aisló totalmente al Gobierno durante el ataque militar.
En paralelo al lanzamiento de misiles, Israel redujo la conectividad del país al 4 %, paralizando las redes de comunicación de su enemigo y cercenando los medios estatales. Activistas digitales y grupos de monitoreo señalaron que se trató de una de las mayores disrupciones que haya habido en la historia.
Según residentes en Teherán, Isfahan y Shiraz, los servicios móviles, sistemas bancarios y páginas gubernamentales dejaron de operar durante gran parte del fin de semana. Cloudflare Radar indicó ayer que los niveles de tráfico digital están próximos a cero en gran parte del país, lo que evidencia el éxito de la estrategia híbrida israelí.
Ni siquiera el internet nacional, que está controlado por el Gobierno y no depende de un tercero, precisamente para blindarse de este tipo de ataques, resistió la masiva disrupción. La extensión del daño llegó incluso hasta varios portales populares que desplegaron contenido crítico del líder supremo iraní, el ayatolá Jamenei.
¿Cuál fue la razón? Cyber Security Hub indicó que el ciberataque tenía como objetivo degradar las capacidades de comando y control de Irán, en particular dañar los sistemas que controlan las operaciones de drones y misiles de la Guardia Revolucionaria. Ello para retrasar y menoscabar la respuesta militar iraní. En las últimas décadas, Irán ha construido un sistema electrónico y cibernético para coordinar misiles balísticos y vehículos aéreos no tripulados.
La operación abre un nuevo capítulo en la historia de los conflictos modernos. La guerra ya no se libra únicamente en el aire, la tierra o el mar. Se libra en los servidores, en los sistemas de comunicación y en las redes que sostienen el funcionamiento de un país. Quien controla el espacio digital controla la capacidad de respuesta del adversario. Colombia no es ajena a esta realidad. Por el contrario, es muy vulnerable. Durante años hemos visto ataques a entidades estatales, filtraciones de información sensible y paralización de servicios públicos por acciones cibernéticas. Lo alarmante no es que ocurran, sino la aparente incapacidad estructural del Estado para anticiparlos y neutralizarlos.
Como sociedad no podemos seguir negando una realidad incómoda. Colombia enfrenta amenazas internas que combinan terrorismo, crimen organizado y estructuras transnacionales con capacidad tecnológica creciente. Pretender enfrentar estos desafíos únicamente con discursos o con concesiones políticas es, en el mejor de los casos, ingenuo. En el peor, profundamente irresponsable.
La guerra ya no se libra únicamente en el aire, la tierra o el mar. Se libra en los servidores, en los sistemas de comunicación y en las redes que sostienen el funcionamiento de un país
La lección es clara. La seguridad nacional del siglo XXI depende tanto de la capacidad militar como de la capacidad tecnológica. La inteligencia ya no es solo humana. Es digital, predictiva y preventiva.
Esto exige decisiones urgentes. Colombia debe fortalecer de manera decidida sus capacidades de ciberdefensa y ciberataque. Debe invertir en infraestructura tecnológica crítica, formar talento especializado en seguridad digital e integrar sus sistemas de inteligencia bajo una doctrina moderna que entienda que la soberanía también se defiende en el ciberespacio. No hacerlo equivale a aceptar una vulnerabilidad permanente.
La guerra moderna no anuncia su llegada con uniformes ni con tanques. Llega en silencio, a través de redes, sistemas y algoritmos. Cuando un país se da cuenta de que la está perdiendo, suele ser demasiado tarde. Colombia aún está a tiempo de evitar ese destino, pero el tiempo, como la seguridad, no es infinito.
DIEGO A. SANTOS
Analista digital
En X: @DiegoASantos
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