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‘Soy un perro’

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28.02.2026

Calles y redes asisten al aparecimiento público de nuevas gestualidades que desafían modos de civilización. Son los therians (terios) humanos que deciden encarnar animales mientras los ciudadanos los observan en manadas emitiendo mugidos y ejecutando conductas de la especie copiada, como defecación pública. Hay un proceso de identificación; “yo me identifico con un perro”; pero viene un segundo paso de alienación y transferencia; introyectan la otra especie: “El perro soy yo”. Aunque parte se deba a moda contagiosa, deja algo profundo: ¿por qué humanos quieren ser animales?

(Le puede interesar: El miedo ataca).

El termino griego therians conduce a bestia. Estudiosos de la Biblia han localizado varias veces el vocablo y, al parecer, conducen a referenciar anticristos, monstruos contrarios a Cristo. Esta referencia bíblica está en concordancia con la respuesta en aumento de espontáneos ciudadanos, quienes aterrorizados por los performances terios, confundidos con demonios, los atacan también en manada con palos y patadas maldiciendo su presencia.

Nada de lo dicho sería posible si no existieran las redes; tal vez se estén revelando los primeros pasos de confrontación entre los habitantes digitales y los físicos.

Junto con los terios se destapa otro grupo, los hobby dogging, no se desdoblan en otra especie, sino que caminan por las calles halando una cuerda que simula llevar un perro, pero es un vacío. Ese perro imaginado manifiesta la frustración de no poder llevar el real (que exige mucho cuidado) y queda solo una ilusión, “lo amo, pero así, descarnado e invisible”. Todo ello se da dentro de un contexto en el que las nuevas generaciones no desean tener hijos sino pets, tratados como personas, hasta llegar al punto en que sus amos se hacen llamar papá o mamá de esas criaturas, con un proceso de humanización fanático y exhibicionista.

Nada de lo dicho sería posible si no existieran las redes; tal vez se estén revelando los primeros pasos de confrontación entre los habitantes digitales y los físicos. No diría que las conductas descritas sean dementes, pero sí que la racionalidad que organiza lo real con categorías en el pensamiento se hace más débil.

En 1888 el filósofo del superhombre, Nietzsche, autor de la crítica más radical a los valores occidentales hasta matar su Dios, iba caminando por Turín y, al ver a un cochero que golpeaba a un caballo, corrió, lo abrazó y lloró. Luego del episodio solo escribió alucinaciones y fue declarado clínicamente loco hasta su muerte.

ciudadesimaginadas@gmail.com

(Lea todas las columnas de Armando Silva en EL TIEMPO, aquí)


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