Mi aproximación a Vargas Lleras |
Tengo vivo el recuerdo de las circunstancias en que conocí a Germán Vargas Lleras en la tradicional casa de su abuelo Carlos Lleras Restrepo en la calle 70. En 1980 yo era abogado de un dirigente político muy influyente en el Tolima, Rafael Caicedo Espinosa, quien había sido acusado de calumnia por llamar “bandido” a un controvertido senador, y me pidió que visitara al expresidente y le explicara el proceso.
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Llegué un sábado y dejé afuera el Renault 12 que acababa de comprar a crédito. Iba asustado por tener frente a mí al estadista que admiraba, a quien había visto siendo bachiller en un balcón de Chaparral agitando la causa liberal de su candidatura, y había seguido de cerca su discurso de aceptación de esta, el 27 de noviembre de 1965, en el que diseñaba lo que luego sería su gran reforma constitucional de 1968, hoy olvidada. Me llamó la atención que doña Cecilia, su esposa, cuando entró le dijo: “Carlos, ya nos trajeron el carro nuevo”, y él le respondió “no, ese es el del Dr. Gómez”, y pensé en lo austero de su vida, sin ostentación alguna, su condición de clase........