Colombia solidaria
Era inevitable que frente a la tragedia originada por el terremoto del 10 de agosto toda la agenda del país estuviera dedicada a describir la magnitud del desastre, con las desgarradoras imágenes de destrucción y muerte, angustia, desamparo e impotencia que nos han puesto a todos a meditar, otra vez, sobre la fragilidad de la existencia, a escuchar historias de vida y hacer seguimiento a las medidas tomadas por las autoridades para afrontar la espantosa catástrofe.
Desde luego, vuelve a recapacitarse sobre cómo los factores de vida —tierra, agua y fuego— pueden llegar a ser agentes de la muerte y destrucción. Muchos cronistas han recordado la capacidad de destrucción de los peores temblores de los siglos XX y XXI. Los más mencionados han sido: el del 9 de febrero de 1967, que destruyó buena parte del departamento del Huila; el del 31 de marzo de 1983, que produjo pánico y destrucción en la histórica Popayán, y el de Armenia, el 25 de enero de 1999, y sus destrozos en el Eje Cafetero, eficientemente manejados por el Forec, durante el gobierno de Andrés Pastrana.
No ha........
