Al volante de un autobús: reflexiones sobre la democracia en el trabajo |
Opinión Al volante de un autobús: reflexiones sobre la democracia en el trabajo
Estamos asistiendo a un maltrato al trabajo. Cada vez, desde el trabajo, a las personas trabajadoras, nos asombran e indignan las medidas empresariales que se toman, sentimos que estas medidas van en nuestra contra, son muy agresivas, como por ejemplo aquellas que se derivan de la lucha contra el dichoso absentismo.
Con demasiada frecuencia, el trabajo se ha convertido en una fuente de sufrimiento. Lo que debería ser un espacio de energía y realización personal se ha transformado, para muchos y muchas, en un entorno hostil al que se acude con desgana y del que se sale agotado. Sin embargo, el trabajo debería ser — y podría serlo porque ya ocurrió en otros momentos y lugares de la humanidad — un lugar desde el que participar activamente en la calidad de lo que producimos, en cómo lo hacemos y, en definitiva, en el tipo de vida colectiva e individual que queremos construir.
Llevo 19 años conduciendo autobuses urbanos, en París y ahora en Madrid. Las conversaciones entre compañeros y compañeras se parecen, hasta se podría decir que son las mismas.
Cuando nos encontramos en una cabecera, en la cochera, aunque sea en un tiempo limitado, hablamos. Tras hacer un diagnóstico de las consecuencias directas que tienen estas políticas empresariales sobre nuestro trabajo y sobre nuestro estado físico y mental, las conclusiones a las que llegamos a menudo son: “pero ya sabes : lo que ve la gente al final es el dinero, la gente es individualista, hay quienes abusan de las bajas, eso de querer actuar lo decimos tú y yo, pero no va a funcionar porque los demás no quieren moverse; los sindicatos (mayoritarios) ya no nos representan, dicen que ‘esto es lo que hay’, están cada vez más alejados de la realidad del terreno...” Siempre son “los otros”.
Al volante pienso, a la vez que desempeño mi actividad profesional: ¿por qué siempre concluimos con estas frases que se repiten en los mismos términos? Son como frases hechas, pensamientos dados, ante la sensación de imposibilidad de actuar.
Por eso tal vez nos indignan medidas que pretenden solucionar problemas sin que hayamos sido consultados y consultadas. Por ejemplo: en cuanto al tema de los Riesgos Psicosociales, nos dicen: “si la plantilla está estresada es por los cuadros horarios. Vamos a intentar remediar esto”, basándose en una conclusión a la que se llegan entre la dirección y el comité, pero que no tiene por qué reflejar lo que realmente sucede. O nos dicen: “Vamos a daros cursos presenciales y online de gestión de estrés”, una medida asombrosa, que cualquier persona trabajadora entiende como humillante. “Vamos a instaurar seguimientos (anónimos) que den lugar a sanciones importantes en nombre de la calidad del servicio”, seguimientos que no sabemos quiénes harán ni bajo qué criterios, para establecer sanciones que merman nuestras vidas, tampoco sabemos qué se entiende por calidad del servicio. A la par, se ha instituido un incentivo económico para penalizar el hecho de ejercer un derecho como son los días por baja laboral, por fallecimiento de un familiar, por casamiento de un familia, etc. Se trata de medidas que desorganizan el trabajo, siembran una situación caótica y no arreglan el “absentismo”, tampoco proponen una solución para tratar el tema de los Riesgos Psicosociales.
Frente a la comprobación desde la propia dirección de que sus medidas contra el “absentismo” no funcionan, ¡piden a los sindicatos que hagan pedagogía!
Ahora, frente a la comprobación desde la propia dirección que estas medidas no solo no funcionan, sino que incrementan el “absentismo”, ¡piden a los sindicatos —algunos de ellos firmantes de estas medidas— que hagan pedagogía! Nos piden, a través de los sindicatos, nuestra colaboración. ¿Pero qué colaboración? ¿en qué sentido?........