Los cipayos de Trump

Opinión Los cipayos de Trump

@MiguelUrban@miguelurban.bsky.social

El Imperio Británico construyó su dominio en la India gracias al uso de soldados mercenarios locales, los cipayos, que se convirtieron en un instrumento indispensable del poder colonial de la Corona inglesa. El término cipayo fue evolucionando con el tiempo para referirse, ya a mediados del siglo XX y con un claro sentido peyorativo, a aquellas personas que actuaban como agentes de potencias imperiales en contra de los intereses de sus propios pueblos.

Unos siglos después de la conquista de la India, Donald Trump está colonizando la ola reaccionaria global, convirtiendo a sus partidos y dirigentes en una suerte de cipayos modernos de la estrategia imperial de los EEUU. A pesar de que la ola reaccionaria global es anterior al propio Trump, la victoria de 2016 en las presidenciales de Estados Unidos favoreció su multiplicación e imitación a nivel global. Como apuntan Ivan Krastev y Stephen Holmes, “el presidente derechista de Brasil no imitaba a Trump porque quisiera ser Trump; lo imitaba porque Trump hizo posible que Bolsonaro pudiera ser él mismo”. La segunda victoria presidencial de Trump ha supuesto una nueva vuelta de tuerca, en la que ya no solo impera una lógica mimética, sino también de vasallaje, en la que Trump utiliza a sus supuestos “aliados” ideológicos como parte de su engranaje de injerencia y dominio imperial.

Un buen ejemplo de esta estrategia de cipayismo político ha sido la cumbre celebrada este pasado sábado en Florida titulada Shield of the Americas Summit (Cumbre del Escudo de las Américas), que reunió a los jefes de Estado de una decena de países de América Latina, exclusivamente a los mandatarios de la derecha radical de la región alineados con Washington. Una reunión celebrada en el Trump National Doral Golf Club, el lujoso resort de golf del presidente, una muestra simbólica —como ya ocurrió con la firma del acuerdo de los aranceles con la UE— que consolida el modo de entender el gobierno y la política por parte del propio Trump, que Dylan Riley definió como “patrimonialismo político”. Un modelo con poca o ninguna distinción entre los intereses públicos y privados, en el que Trump ejerce la presidencia como si fuera una de sus empresas personales. Para él, la relación del personal con el líder no indica un compromiso impersonal con el gobierno del Estado, sino “la lealtad de un servidor, basada en una relación estrictamente personal”. En resumen: es familiar.

Una alianza de las derechas de las Américas que, según declaró la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, tendrá como objetivo “promover la libertad, la seguridad y la prosperidad” de las naciones de la región. Aunque el objetivo omnipresente en la reunión —y, en cierta medida, en la política exterior de los EEUU hacia Latinoamérica— es poner freno al avance de China en la región, a la que Trump entiende como su área de influencia, su auténtico patio trasero en la reactualización de la doctrina Monroe. Una forma de empujar a estos gobiernos cipayos a alejarse de China a costa de dañar........

© El Salto