Palomas
Todavía sin haber entrado en el aula, con el pasillo lleno del revuelo que ocurre siempre entre una clase y otra, un alumno se acerca y me dice, con cara de preocupación: “No está”. Le miro. Me mira. Pongo cara de no entender. Él sigue con los ojos fijos en los gestos de mi cara. Y me doy cuenta. “¿La paloma?”, le pregunto. “La cría. No está la cría ni la madre”, contesta. “¿Pero habéis mirado bien?”, insisto. Se queda a mi lado pero no dice nada. A él también le gustaría que la respuesta fuera otra.
Todo había empezado unas semanas atrás. No sé exactamente quién lo descubrió pero, un día, al llegar a clase, sin darme opción a que soltara sobre la mesa todo lo que llevaba en las manos, varios alumnos y alumnas me dijeron con una emoción inusual: “Tienes que ver esto”. Me llevaron al fondo de la clase y, desde una de las ventanas, señalaron a un saliente del edificio que estaba a pocos metros del alféizar por el que estábamos asomadas.
Sobre un nido formado por unas cuantas ramas finas, deslavazadas, había una paloma acurrucada. “Aunque no se vea, está incubando un........
