‘La Casa de los Gemelos’ y el negocio de la ridiculización: humillar, pagar, eliminar |
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La Casa de los Gemelos se ha convertido en uno de los fenómenos digitales más virales del año. Un producto que ha dejado pegados a los más jóvenes, que parecen haber resucitado X, la red de Elon Musk, colocando escenas inexplicables en el horizonte del scroll cotidiano. Los números lo corroboran: es habitual ver a más de medio millón de personas conectadas en sus emisiones en directo en YouTube. Una mañana cualquiera puedes escuchar los ronquidos de los participantes junto a un cuarto de millón de usuarios más.
El formato no es nuevo, al contrario, es la imitación de uno de los realities más famosos de España. Una copia de Gran Hermano, con una vuelta de tuerca —si es que eso es posible, recordemos que una concursante sufrió abuso sexual ante cámaras—, llevada a las plataformas que ha encontrado su éxito gracias a un elenco de concursantes nacidos y criados con miles de reproducciones en TikTok. Nuevos nombres como El Patica, La Falete o La Marrash y otros viejos conocidos como Labrador o Paco Porras son algunos de los personajes que están o han pasado por este formato donde los insultos, las vejaciones, las peleas y la extrema violencia se hacen hueco en la rutina diaria de pijama, sofá y colacao “al corte”.
TikTok es clave para la amplificación de un producto viral que se multiplica en el formato de los vídeos cortos. Las peleas entre La Falete y La Marrash —recurrentes, y uno de los mayores “atractivos”, por ello son las elegidas para Las Campanadas de los Gemelos—, los encontronazos entre El Patica y Anibal o la agresión de Labrador a Cherylin tienen millones de reproducciones, likes y compartidos en la aplicación china. Pero también los lloros de Ruth o las borracheras de La Marrash que han puesto la casa patas arriba. Son simples clips a monetizar. Insultos, peleas y obscenidades que no tendrían cabida en la televisión convencional —según dice la televisión tradicional, que ha amplificado las denuncias de Asociación de Usuarios de la Comunicación—, pero que son la clave del éxito en internet, junto al propio elenco de personajes formados por los raros de ahora y siempre.
El ganador se llevará 100.000 euros (sin contar los cachés acordados). Las votaciones (un voto vale 1,99 euros en su web, aunque en su canal de Telegram se hacen encuestas de expulsión con miles de participaciones), además de por filias y fobias, la pierden los que menos “juego” dan o, como correctivo, los que atacan a los intocables. Labrador fue expulsado por su ataque a la drag queen Cherlyn, que le había recriminado entre otras cosas, silbar el “Cara al sol”, pero inmediatamente Cherilyn recibió el castigo de la audiencia con un 63% de los 203.009 votos. El mensaje era claro y en este caso lo mandaban los espectadores: La Casa de los Gemelos no podía convertirse en La Casa PSOE —un término utilizado por los mismos espectadores en las redes—, “wokizada”, “travestida”.
El formato sin límites de La Casa de los Gemelos es una coctelera de pistas sobre lo que viene. Primero, porque proyectan una jerarquización, imagen mediante, de los cuerpos y sus formas de actuar. Esa jerarquización de la diferencia es trabajo hecho para los gestores ultras del futuro.
La ritualización del ridículo, la erosión de la empatía, la normalización de la violencia física y simbólica —racismo, machismo, capacitismo y LGTBIfobia siempre planeando— son la mejor siembra para la noche que vendrá. Formatos extremos como La Casa de los Gemelos son la infraestructura perfecta para proyectar y plantear qué vidas son desechables con la colaboración masiva de todos nosotros. La Casa de los Gemelos es una más de las señales de alarma. El desprecio cultivado y la falta de amabilidad ante los cuerpos desechados —los discapacitados, los considerados indefensos, los desviados— fue central en la pedagogía nazi. Esta es hoy también una dimensión definitoria de los fascismos contemporáneos que, como escribe Alberto Toscano, asegura la imagen y la experiencia de un cuerpo normativo y dominante a través de la estigmatización, la dominación, la expulsión y la aniquilación de los cuerpos excedentes, indignos o enemigos de los demás.
Los gemelos Daniel y Carlos Ramos se hicieron conocidos en el mundo de las apuestas deportivas en su canal de Telegram. Pronto saltaron a YouTube, Instagram y Kick para “crear contenido”. Antes de su formato estrella, La Casa de los Gemelos, ya invitaban a su canal a personajes conocidos en el mundo digital como Simón Pérez, el economista que se hizo famoso por aquel vídeo de las hipotecas variables en el que, como él mismo admitió después, había consumido cocaína. En una ocasión, en el canal ZonaGemelos, Simón Pérez se desplomó en directo y los presentadores tuvieron que pedir asistencia sanitaria. No ha sido la única vez en la que el invitado ha aparecido con los gemelos en un estado de salud preocupante. El economista ha hablado de sus adicciones en programas como El teléfono rojo —también formato de los gemelos—, pero también en entrevistas en Atresmedia y sus propios canales de stream.
Los gemelos han convertido su marca en un escenario donde se dan cita los raros de ahora y de siempre; exdrogodependientes, polemistas, tertulianos violentos, conspiranoicos y personajes virales de las redes sociales. Han encontrado un nicho de mercado similar al que encontraron los empresarios circenses en otro momento: en una carpa tan sórdida como hipnótica, cansados del trapecista, el mago y el hombre bala, se encuentran la mujer barbuda, el enano fumador, el gigante noble, el forzudo depresivo, los siameses unidos por el torso, la anciana más longeva, el gordo más gordo o el niño sin extremidades. Cansados de la televisión tradicional, los raros se citan en la plataforma.
Como en los pasillos de estos circos tan exitosos a mediados del siglo XIX —ambulantes, además—, los canales digitales de los gemelos son ya monetizadores de la forma de ser y la corporalidad de sus personajes, que pasan por su reality o por sus otros espacios en directo o grabados: Ruth y el síndrome de Silver-Russell, el Toque y sus diferentes condiciones médicas —algunas........