La gran mentira del resort en Gaza

Opinión La gran mentira del resort en Gaza

Hace unas semanas asistimos a un obsceno ejercicio de prestidigitación. Un espectáculo de ilusionismo representado como escarnio a las decenas de miles de muertos víctimas del genocidio perpetrado por Israel. Porque esto, y no otra cosa, es el llamado “Plan Maestro para Gaza”. Un power point que podría hacer un niño de la ESO con uno de esos programas gratuitos de diseño de jardines en el que el yerno de Trump mostraba cuadrados y otras formas poligonales de sugerentes títulos como “500.000 personas” o “complejos industriales”. Con buen criterio arquitectónico, cada uso estaba definido por un colorín porque, ¿cómo si no íbamos a distinguir el cuadradito de las 100.000 casas del cuadradito de las 2.000 industrias? Por no aparecer, no aparecía ni la escala. 

Pero a pesar de sus innegables virtudes cromáticas, el Plan Maestro dejaba sin explicar algunos detallitos, quizá por considerarlos menores o simples minucias. Como, por ejemplo, que según las Naciones Unidas, las tareas de desescombro —si es que empiezan— se extenderán un intervalo de entre siete y diez años al menos. Una estimación probablemente bastante optimista si consideramos que desescombrar el área de las Torres Gemelas, con toda la potencia, maquinaria e infraestructura de EEUU, consumió nueve meses y los escombros de Gaza están calculados en una cifra 35 veces superior: concretamente 70 millones de toneladas de hormigón. Eso, por no hablar de los más de diez mil cadáveres que sigue aún aplastados entre las ruinas. 

Según las Naciones Unidas, las tareas de desescombro —si es que empiezan— se extenderán un intervalo de entre siete y diez años al menos. Hasta entonces no podría colocarse en Gaza ni la primera baldosa para una acera

O, lo que es lo mismo, hasta dentro de una década en el mejor de los casos, no podría colocarse en Gaza ni la primera baldosa para una acera. Pero esto no pareció preocupar a los autores del Plan Maestro. De hecho, preguntado Jared Kushner acerca de las tareas de desescombro, dijo que iban “muy bien”. Tan bien, que se estima que se acercan al 0,2% del total. 

En todo el norte del Mediterráneo hay ahora mismo en marcha varios macroproyectos turísticos y habitacionales. Algunos, como el llamado Ras El Hekma, en Egipto, está auspiciado por la agencia ONU-Habitat que promueve ciudades más justas, habitables y sostenibles. Pero aún con las ventajas evidentes del apoyo estatal, de no tener que retirar durante años toneladas de escombros, incontables bombas y miles de cadáveres en un territorio robado, se estima que Ras El Hekma no finalizará hasta 2045. Cuesta trabajo creer que Gaza, un territorio asolado por la destrucción, podría  ser apetecible para que el gran capital se embarcase en una inversión tan incierta y a largo plazo cuando puede optar por las diversas posibilidades que le ofrece ahora la costa norteafricana.

¿Cómo será el Mediterráneo entonces? ¿Un destino de sol y playa muy deseable? El resto de países de su costa cuenta con un enorme patrimonio histórico, arquitectónico y monumental que diversifica su oferta. ¿Pero dónde están las ruinas romanas de Gaza? ¿Dónde sus pirámides y esclusas? ¿Por qué unos fondos privados, ávidos de rápido beneficio, iban a considerar ese lugar como privilegiado para sus negocios? Y, exactamente, ¿cuán apetecible sería para el turista un destino construido........

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