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Cacamelon

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30.07.2026

Encontrar al fantasma del teatro fue una tarea más sencilla de lo que creíamos al principio, aunque nos sorprendió la forma que tuvo de delatarse. Dimos por sentado que tendría forma de persona, de hombre adulto, y, que para disimular su condición de fantasma, tendría las mismas pintas que suelen tener los participantes del concurso que presenta el Sarria.

Al final, resultó que tenía forma humana, pero no la que esperábamos, aunque tampoco ahora eso viene al caso. Lo que sí es pertinente es lo que nos hizo sospechar de su condición de fantasma: ¡que no llevaba el móvil entre las manos, ni colgado al cuello, ni enganchado a los ojos! Por lo visto, el uso del móvil es un hábito de humanos (de todas las edades, etnias, ideologías, etc.), por lo menos en el contexto andaluz.

Jamás pensé yo que vería a mi madre haciendo scroll a media mañana. Pero no estoy aquí hoy para lamentar el tiempo perdido en la pantalla, alimentando frustraciones y patrocinando deseos y necesidades, sino más bien a evocar un oasis sin wifi al alcance aún de la memoria.

Bismilá, ¿Qué se hacía antes de que el wifi nos esposara las manos?

Como cada verano, Alándalus, Iberia, Sefarad o Tartessos arde en incendios fortuitos o provocados. Además, en el centro del cosmos (aka. Andalucía) tenemos las carnes abiertas entre el acuerdo de Gobierno de la Junta y el fin del plazo para la presentación de los papeles para la regularización extraordinaria, que solo ha pospuesto un poquillo la agonía; pues el empadronamiento sigue costando 500 € y, sin el padrón, es difícil........

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