‘El sonido de la caída’, más allá del espacio y los tiempos asignados

Ruido de fondo ‘El sonido de la caída’, más allá del espacio y los tiempos asignados

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“Suele decirse que los hechos son lo importante. Que, como personas, somos lo que hacemos. Pero a mí no me lo parece. Creo que lo que somos, lo que nos identifica sobre todo, es el lugar donde nos hallamos mientras hacemos algo”. Esta reflexión en off de Angelika (Lena Urzendowsky), una de las cuatro jóvenes protagonistas de El sonido de la caída, sintetiza de manera evidente las inquietudes de la guionista y directora del filme, Mascha Schilinski. Nacida en Berlín Occidental en 1984, la vida de Schilinski ha venido marcada por un ánimo exploratorio que ha abarcado la actuación durante la infancia, el abandono de los estudios reglados, la pertenencia a un circo ambulante y la escritura de telenovelas.

Ambos aspectos, el nacimiento de Schilinski en una ciudad hasta cierto punto cercada, sumida en una burbuja de irrealidad, y su ansia de fuga más allá de un marco establecido de existencia, son claves para entender su filmografía: desde sus cortometrajes Wir müssen los! (2012) y Das Gefühl (2014) hasta su ópera prima en el ámbito del largo, Dark Blue Girl (2017), su cine ha insistido en los secretos, las mentiras y la ambigüedad emocional que propician los entornos cerrados; entre ellos, por supuesto, el de la familia. Ningún espacio literal y figurado como el del hogar para determinar quiénes somos, hasta qué extremo cuanto hacemos tiene mucha menos importancia que en nombre de quién, de qué, de dónde.

El sonido de la caída prorroga estos temas, aunque a un nivel de autoexigencia muy superior. Nos hallamos ante........

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