Oriana Méndez explora la dialéctica infinita del amor en ‘Llanuras sucesiones’ |
Opinión Oriana Méndez explora la dialéctica infinita del amor en ‘Llanuras sucesiones’
Son, eran y serán Dos. Dos en una ciudad que se expande laberinto. “Dos como una multitud”. Porque las multitudes se componen de uno y otro, uno y otro, uno y otro que se contraponen y se suceden. Así ocurre también con las palabras en las Llanuras sucesiones de Oriana Méndez. El libro, publicado por Chan da Pólvora en gallego y La uÑa RoTa en castellano, recoge una multitud de dos voces enlazadas en la dialéctica infinita del amor. Esta “lengua encadenada, de caballos” galopa una llanura que es la lesión resultante del impacto inevitable de “caer en el fondo de la vida”, convertida esta en un astro que solo podemos conocer “a partir de su propia estela”. Dos comparten la esencia del planeta y el animal herido: la gravitación terrible de un depredador y la precipitación de la vida sobre la vida. Dos viajan. Dos conversan.
“Se escuchan mutuos se comprenden solamentemediante filamentos hilosni siquiera caboshebras de raciocinioprendidos de sus propias memorias¿cómo deberían decirse a sí mismos?”
Dos se dicen una fuerza creadora que hace madurar los frutos sin que exista el árbol, una llave sin puerta, una metáfora que sustituye el sentido por........