El caso Epstein: violencia, pedofilia, poder y una red configurada por élites

Análisis El caso Epstein: violencia, pedofilia, poder y una red configurada por élites

Durante años, el caso de Jeffrey Epstein fue leído como la caída de un financiero excéntrico que había cruzado la línea de la legalidad. Sin embargo, la documentación judicial, los testimonios de las víctimas, la investigación del Miami Herald y las sucesivas tandas de archivos difundidos por el Departamento de Justicia de Estados Unidos han ido dibujando una realidad mucho más compleja: no solo la existencia de una red de explotación sexual de menores, sino también un entramado de relaciones sociales, económicas y políticas que permitió al financiero seguir moviéndose durante años en círculos de poder incluso después de su condena de 2008. La pregunta que atraviesa el caso no es únicamente cómo operó Epstein, sino cómo pudo hacerlo durante tanto tiempo mientras seguía relacionándose con empresarios, políticos, académicos y figuras públicas de primer nivel. Esa es, en buena medida, la dimensión que ha convertido el caso en algo más que un proceso penal: en un retrato incómodo de la cercanía entre violencia, poder e impunidad.

Esa trama reapareció con toda su magnitud en julio de 2019, cuando Epstein fue detenido en el aeropuerto de Teterboro, en Nueva Jersey, y la Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York lo acusó de tráfico sexual de menores y conspiración. La acusación federal sostuvo que entre 2002 y 2005 había explotado y abusado de decenas de menores, a las que captaba con dinero y a las que, en algunos casos, pagaba para reclutar a otras chicas. El juicio nunca llegó a celebrarse: apenas cinco semanas después, el 10 de agosto de 2019, el financiero fue hallado muerto en su celda del Metropolitan Correctional Center de Manhattan. La autopsia oficial concluyó que se trató de un suicidio, pero su muerte impidió que el principal acusado se sentara ante un tribunal y dejó abiertas muchas de las preguntas centrales del caso.

El sistema de captación descrito por las supervivientes

Según la acusación federal de 2019 y el caso posterior contra Ghislaine Maxwell, el mecanismo seguía un patrón definido: adolescentes de entre 14 y 17 años eran contactadas en centros comerciales, institutos o a través de conocidos y recibían entre 200 y 300 dólares por acudir a las casas de Epstein para realizar supuestos “masajes”, encuentros que, según la fiscalía, derivaban en abusos y violaciones. La acusación sostuvo también que algunas de esas menores eran pagadas para atraer a otras chicas, creando una cadena de captación que garantizaba a Epstein un flujo constante de víctimas. Maxwell fue condenada en 2022 a 20 años de prisión por conspirar con Epstein para localizar, preparar y explotar a menores, y el Departamento de Justicia afirmó entonces que había desempeñado un papel “fundamental” en el funcionamiento de la red.

Lo que aportan los archivos más duros del caso no es solo la estructura, sino el detalle de la violencia. A partir de un informe de “responsabilidades profesionales” conservado por el FBI y difundido entre los papeles del caso, las víctimas declararon que, durante esos “masajes”, Epstein ejercía violencia sexual sobre ellas. El mismo material recoge que algunas jóvenes denunciaron que, cuando la relación con Epstein se repetía, la violencia se intensificaba y terminaba en violaciones, así como la participación de asistentes por orden suya. Los registros en sus residencias hallaron camillas, aceites, ropa de cama, centenares de fotos de chicas y objetos que la policía interpretó como juguetes sexuales. No se trata aquí de recrearse en el detalle, sino de subrayar algo central para el reportaje: aquello que durante años fue rebajado públicamente a la idea de “masajes” estaba descrito por las víctimas y por la propia........

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