Recuperar la razón para salvar lo común |
Opinión Recuperar la razón para salvar lo común
Cuando miramos hacia nuestro alrededor y, por tanto, a la crisis planetariamente política que nos acecha, es bastante fácil llegar a la conclusión de que hemos perdido el sentido común. Esta idea que cartografía brevemente la crisis de la razón es simple y llanamente el plano cultural de una racionalidad capturada por el sistema capitalista.
En cualquier podcast, programa de televisión, radio y lugar del ciberespacio (como redes sociales, webs, foros…) el capitalismo se muestra como una realidad natural. Esto, bien lo sabe la sociología y el estudio de la ideología, es un proceso inseparable de cómo nos conformamos dentro de marcos culturales que responden a formas materiales de organizarnos como sociedad. Es decir, la ideología presenta de manera invisibilizada muchas de las estructuras y relaciones sociales que emergen del modo de producción en el que vivimos.
El capitalismo es entendido desde sus aparatos de producción culturales como la forma de organización más coherente sobre todas aquellas otras prácticas políticas que responden a la pregunta sobre el modo de organización social. Dicho con otras palabras, el capitalismo se presenta como el sentido común. Precisamente esta inquietante transposición es el principal síntoma de nuestra crisis de la razón.
La razón es sin duda el ámbito central de la filosofía. Y la filosofía en mayor o menor medida es el ámbito donde brota todo lo demás; sobre todo la política. La razón persigue las formas objetivas, aquello que está más allá de nuestra individualidad y de nuestra percepción, aquello que “es” independientemente de nosotres: la verdad, la justicia, la belleza. No debemos confundir la razón, por tanto, con el sentido común, pues el sentido común es un reflejo directo de la organización social. Y nosotros vivimos en una organización social plenamente irracional. De hecho, tan irracional que en apenas 250 años de existencia el capitalismo nos ha llevado a una crisis climática sin retorno. Y sí, ya sabemos que los cryptobros, los neoestoicos y las demás figuras arquetípicas que engordan las filas de los adeptos discursivos del capitalismo nos lo presentan desde sus pupitres comunicativos como un ente natural y autónomo. Sin embargo, lo cierto es que negar la historia no les da la razón.
En consecuencia, la razón no es el sentido común, pero para elaborar un sentido común democrático nos hace falta precisamente, como elemento indispensable, la razón. De hecho, si algo podemos salvar del proyecto ilustrado (quizá haya muchas cosas más) es la presente certeza: debemos poner la razón en diálogo con el proyecto de emancipación de la clase trabajadora.
La razón que defendía Spinoza, que........