No te metas con mi durazno

 

Un reportero gráfico, hecho al chistoso, me dijo “oye el compañero quiere sacarle foto a tu durazno” (dada la pacatez del algoritmo, que censura medios, y redes sociales, diré el durazno como sinónimo de glúteos). Me quedé helada. Con ganas de tirarle un guantazo por atrevido. Pero lo llevé al área de la broma. Me reí, pero por dentro quedé herida.

Herida no porque el otro colega quiera sacarle foto a mi trasero – puede que sea cierto o no – sino porque el otro, abundante en abrazos y besos con las colegas, hizo gala de una especie de galantería estúpida y babeante, delatando al colega, no sé con cuál objetivo.

Involucrados como estábamos y con la conferencia de prensa a punto de comenzar, el hecho quedó en el olvido. Pero esas frases no se quedan en el olvido. Permanecen y molestan como mosquitos en mitad del sueño.

Los límites existen por algo y este fotógrafo debería entender que los hay, y aplicarlos a sí mismo.

Pero no lo hace. No........

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