El clamor cristiano
“¡Que el Señor les dé la paz y les bendiga a todos!
“Hoy en Jerusalén estamos viviendo una Pascua muy diferente y extraña, sin reuniones, sin gente, de muy bajo perfil, si se me permite decirlo así. Por lo tanto, es muy difícil sentir el ambiente de la Pascua, esa atmósfera de alegría y júbilo, donde la gente se reúne para abrazarse y enviarse saludos y bendiciones en el Señor Resucitado.
“Aun así, es el Domingo de Pascua, y en Jerusalén no podemos dejar de celebrar la Pascua. En los Evangelios, leemos que la Resurrección ocurrió durante la noche, porque cuando las mujeres llegaron temprano en la mañana, la resurrección ya había sucedido, así que Jesús resucitó en medio de la noche, en la oscuridad. Éste es también mi mensaje: no hay oscuridad, no hay situación que no nos permita celebrar al Señor Resucitado, ni siquiera hoy, ni siquiera ahora en esta difícil situación que estamos viviendo.
“Jesús no espera que alcancemos el nivel adecuado de la fe, no espera nada de nosotros. Fue un regalo gratuito, venir a nosotros como Señor Resucitado, para transformar nuestras heridas y nuestras dificultades para creer.
“En cierto modo, la resurrección es un acto de desobediencia, desobediencia a la desconfianza y al miedo. Queremos obedecer al Señor y obedecer a la luz, porque celebramos la luz que vino a nosotros, y no la oscuridad. No permitimos que la oscuridad prevalezca en nuestros corazones, en nuestra forma de pensar, en nuestra actitud y en nuestras relaciones, incluso hoy, a pesar de todo.
“Este es mi saludo para todos vosotros, ¡no hay situación que esté condenada para siempre a estar bajo la sombra de la muerte! ¡Ninguna! ¡Ni siquiera aquí! Y hoy, nosotros como cristianos por la fe, decimos que la historia ha cambiado, el Señor Resucitado cambió la historia, y pertenecemos a la historia que Él escribió, y queremos escribirla con Él, incluso hoy.
“¡Felices Pascuas a todos!”
Es la cita textual del mensaje por el Domingo de Resurrección que emitió el Patriarca Latino de Jerusalén Cardenal Pierbattista Pizaballa, cabeza de la Iglesia católica para los territorios que este año viven bajo las balas y los bombardeos. Le cedo este espacio porque los medios de comunicación bolivianos, incluso los relacionados con congregaciones religiosas, no le dieron importancia; en general, hay escaso interés por los sucesos en Gaza, Cisjordania.
Sobre Irán y el estrecho de Ormuz preocupan los costos económicos y la sombra del aumento de precios del petróleo. Hay poca atención sobre la cantidad de muertos, heridos, huérfanos; infraestructuras destruidas; daños de largo alcance que impone un grupo de desquiciados al resto de la humanidad.
El Patriarca y otros líderes religiosos fueron detenidos por la policía israelí cuando intentaban llegar a la Basílica del Santo Sepulcro en la Ciudad Vieja de Jerusalén. El hecho no sucedió en siglos; no hay antecedentes ni con los moros, ni con los turcos ni con los musulmanes y mucho menos con los palestinos que convivieron tranquilos con los cristianos y los pocos judíos que quedaron ahí antes de 1948.
Dos siglos después del Calvario, como hicieron sus antepasados del Sanedrín, el gobierno judío persigue a los discípulos de Jesús con apoyo del imperialismo.
La indignación internacional forzó a Benjamín Netanhayu a dar un paso atrás, pero con restricciones. Personas que viajaron desde diferentes lugares del mundo para asistir a los servicios de Semana Santa no lograron ingresar. Ni siquiera los palestinos católicos pudieron celebrar la misa. Hace años que los franciscanos denuncian el ambiente hostil que viven en sus parroquias en ese país, tierra de Jesús, José y María.
Bajo el pretexto de “motivos de seguridad”, Israel sigue matando personas en Gaza, restringe la entrega de ayuda humanitaria, asesina a familias inocentes en Cisjordania. Los colonos, como los interculturales locales, avasallan casas y terrenos que pertenecieron a los palestinos desde hace milenios.
Tel Aviv aprobó además el colgamiento de los palestinos acusados de terrorismo, a pesar del rechazo de otros representantes políticos y de parte de la sociedad civil. Autoridades intentaron brindar con champaña por esa “hazaña” con tufillo medieval.
La narrativa avanza ahora para apoderarse del Líbano (las antiguas Tiro, Sidón, etc.) que se presentan como parte del Gran Israel. Ignorancia y neo terrorismo de estado.
El Patriarca se refirió también a las mujeres, las Marías, que acompañaron el calvario de Jesucristo y fueron las primeras en visitar el sepulcro al amanecer. Un hermoso paralelismo con las actuales madres y viudas palestinas que convierten su dolor, la oscuridad, en esperanza. Son ellas las que desde el vientre martirizado sacan las fuerzas para re-crear, re-nacer, re-sucitar.
