Sin disfraces ideológicos |
Nos gusta discutir si el país es de izquierda o de derecha, como si esas etiquetas explicaran por sí solas nuestra realidad. Pero cuando uno baja del discurso a la vida cotidiana, descubre que el problema no es ideológico sino ético. Aquí no abundan las izquierdas ni las derechas puras; abundan, más bien, los oportunistas. Hay bandidos que se autoproclaman de izquierda, bandidos que juran ser de derecha y otros que, con igual destreza, se acomodan en ambos extremos según convenga.
También hay trabajadores honestos, personas que madrugan sin estridencias a construir empresa, empleo y futuro. Y hay flojos que, sin distinguir color político, aprendieron a vivir del Estado como si fuera una herencia privada. El drama no es la corriente doctrinal, sino la cultura del atajo. El problema no es la ideología, sino la ausencia de carácter.
Se ha instalado la peligrosa idea de que la política es un botín. Algunos han hecho carrera promoviendo la dependencia antes que la autonomía, estimulando la indignación antes que la responsabilidad. Utilizan la política social como........