Entre el rencor y la dignidad: una decisión colectiva

Desde la aparición de la vida visible sobre la tierra, asomó el bien y el mal, binomio perfecto para tomar decisiones y terminar perdiendo la libertad por el temor al error, por ello, siempre hay un camino: el del odio fácil o el del afecto valiente.

El odio y el afecto han caminado juntos a lo largo de la historia humana, como dos corrientes invisibles que moldean no solo las decisiones individuales, sino el destino de pueblos enteros. Hay en esta dualidad una nostalgia inevitable: la memoria de lo que fuimos cuando elegimos el afecto, y la cicatriz de lo que perdimos cuando nos dejamos arrastrar por el odio. Este parangón no es únicamente una reflexión emocional, sino una lección política y social que la humanidad parece condenada a reaprender.

En el ámbito político, el odio ha sido muchas veces el atajo más fácil. Ha servido para encender discursos, levantar fronteras y justificar exclusiones. En nombre del miedo, se han construido relatos donde el otro se convierte en amenaza. Y, sin embargo, cada vez que la historia ha tomado ese camino, ha dejado tras de sí un rastro de fracturas difíciles de sanar. Basta recordar las advertencias de Friedrich Nietzsche........

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