Artemis reactiva la ambición de crear una civilización en la Luna que los recortes de Trump ponen en jaque |
Futuro de la exploración espacial
Artemis reactiva la ambición de crear una civilización en la Luna que los recortes de Trump ponen en jaque
La Casa Blanca no solo no ha aumentado los fondos para la NASA sino que ha propuesto recortar hasta un 23% sus presupuestos para 2027
El miedo a una recesión económica dificulta que otras gobiernos, agencias espaciales y empresas puedan apostar por este tipo de proyectos
Nueva carrera espacial: Estados Unidos quiere (re)conquistar la Luna para construir una base espacial permanente y competir con China
Simulación de una base humana en la Luna. / NASA
El día en que Artemis abandonó la Tierra pasó casi inadvertida. Sin ovaciones, sin grandes titulares, sin lograr abrirse paso en la atención de un mundo absorbido por la guerra, el temor a una nueva sacudida económica y la incertidumbre constante sobre el futuro. Y sin embargo, en apenas 10 días de travesía, la primera misión lunar tripulada en más de medio siglo ha logrado reavivar la fascinación global por la exploración espacial y sembrar en millones de personas una renovada ilusión, una 'moon joy', que parecía olvidada. La NASA afirma que este primer vuelo tripulado del programa Artemis es el primer paso de un proyecto que aspira a crear una civilización humana más allá de la Tierra. Pero ese horizonte, tan prometedor como frágil, se tambalea ante el ruido político desatado por Trump. Sus drásticos recortes en ciencia y el clima geopolítico incierto que ha forjado proyectan una ineludible sombra de duda sobre la viabilidad de lo que, para muchos, ya era un sueño lunar.
El programa Artemis surgió hace más de una década justo durante el primer mandato de Trump. Según presumió él mismo durante su charla con los astronautas a bordo de esta misión, en 2017 se le presentó la decisión de "cerrar o resucitar" los programas espaciales y él no solo decidió apostar por la causa sino que convirtió la reconquista de la Luna en su bandera política del momento. En 2025, en su segunda llegada a la Casa Blanca, el republicano impulsó una campaña de recortes sin parangón en todas las instituciones. Incluida la NASA. En un primer momento, asesorado por Musk, también dijo que quería dejar de lado los proyectos lunares para centrarse en la conquista de Marte. Después, tras su pelea, rectificó y volvió a apostar por Artemis. Y ahora, en medio de este caos, nadie sabe muy bien ni cómo ni cuándo se acabará desplegando este programa.
El calendario del programa lunar ya acumula varios años de retrasos y arrastra la amenaza de recortes y cambios de prioridad desde la llegada de Trump al poder
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El plan original preveía un vuelo de prueba en 2020, una misión orbital tripulada como la de ahora en 2023 y un primer alunizaje entre 2024 y 2025. El primer lanzamiento se tuvo que aplazar dos años debido a la pandemia y a problemas técnicos en el cohete y en la nave espacial y eso, a su vez, también obligó a retrasar el segundo vuelo de Artemis hasta 2026. Pero lejos de seguir con el plan inicial, ahora la NASA afirma que su intención es realizar otro vuelo orbital en 2027 y esperar hasta 2028 para enviar astronautas a la Luna. A partir de ahí el compromiso es lanzar como "mínimo una misión cada año" hasta lograr construir una base permanente en la Luna en 2030. Todo ello, con la promesa de desplegar hasta 20.000 millones de dólares en siete años hasta lograrlo.
Recortes drásticos en ciencia espacial
El día después del despegue del programa Artemis, mientras la NASA explicaba orgullosa que esta misión era la primera semilla de una futura civilización en la Luna, la Casa Blanca publicó una primera propuesta de presupuestos en la que se contemplaba un recorte de unos 5.600 millones de dólares para la agencia. Lo que, en la práctica, equivaldría a mutilar cerca del 23% de sus fondos totales. Según explicó el gabinete de Trump, el objetivo es "optimizar los fondos" de la entidad, recortar en misiones científicas "no prioritarias" y reorientar el dinero hacia "objetivos estratégicos" como, por ejemplo, las misiones a la Luna. La propuesta contempla desplazar hasta 1.000 millones de dólares al programa lunar aunque, paradójicamente, para hacerlo se tendrá que recortar en ciencia básica que también resulta esencial para la misión.
La Casa Blanca afirma que su objetivo es "optimizar fondos" aunque eso implique recortar misiones científicas "no prioritarias" y redirigir fondos a la Luna
La Casa Blanca afirma que su objetivo es "optimizar fondos" aunque eso implique recortar misiones científicas "no prioritarias" y redirigir fondos a la Luna
Son muchas las voces que apuntan que, de aprobarse estos recortes, que en última instancia dependen del Congreso, las futuras misiones a la Luna podrían tambalearse. A corto plazo, todo apunta a que los siguientes vuelos de Artemis podrían salir adelante aunque con menos dinero para pruebas y menos capacidad para añadir herramientas científicas que contribuyan a la misión como, por ejemplo, satélites orbitales. A medio plazo, de cara a las "misiones anuales" rumbo a la Luna, la falta de fondos podría trastocar el calendario de vuelos y hacerlos menos resilientes ante eventuales retrasos o fallos. A largo plazo, no está muy claro cómo esta política de recortes casará con la idea de construir algo tan ambicioso como una base permanente en la Luna en la que, según algunas estimaciones, cada kilogramo de material transportado podría costar hasta 50.000 dólares.
Inversiones inciertas entre tanta incertidumbre
El caos político desatado por Trump trasciende con creces las fronteras de Estados Unidos. Su tono beligerante en la escena internacional, su reciente implicación en el conflicto con Irán y el creciente temor a una recesión global han generado una onda expansiva de incertidumbre que se deja sentir en gobiernos, mercados y organismos multilaterales. En un clima así, resulta difícil imaginar que otras potencias, agencias espaciales o grandes empresas tecnológicas estén dispuestas a comprometer inversiones sostenidas en proyectos de largo plazo como la exploración lunar. Antes del despegue de Artemis, muchos analistas confiaban en que el éxito de la misión actuaría como catalizador de un ambicioso esfuerzo internacional, con nuevos anuncios de financiación y cooperación estratégica. Sin embargo, en el contexto actual, todo apunta a que la apuesta por el sueño lunar quedará en un segundo plano.
Antes del despegue de Artemis, muchos analistas confiaban en que el éxito de la misión actuaría como catalizador de inversiones pero ahora, con el caos actual, todo apunta a que estos proyectos pasarán a un segundo plano
Antes del despegue de Artemis, muchos analistas confiaban en que el éxito de la misión actuaría como catalizador de inversiones pero ahora, con el caos actual, todo apunta a que estos proyectos pasarán a un segundo plano
Lo paradójico es que, incluso en medio de este contexto tan convulso, Artemis ha conseguido algo que parecía improbable. Y eso es devolver la Luna al imaginario colectivo. La misión ha despertado entusiasmo incluso entre quienes nunca habían sentido una conexión especial con la exploración espacial. Las imágenes de la cara oculta han generado asombro y emoción, pero han sido, sobre todo, los gestos humanos los que han reavivado una fascinación casi olvidada. La posibilidad de ver en tiempo real a los astronautas trabajando, compartiendo momentos emotivos o incluso enviando mensajes de amor desde la distancia ha desatado una oleada de ternura que hacía tiempo no se veía. Para una generación que no tuvo la suerte de vivir el programa Apolo, esta misión también ha reavivado la idea de soñar con ser astronauta y, en general, con un futuro más allá de la Tierra.
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Y quizá ahí resida el verdadero impacto de esta misión. En haber sembrado, en medio del ruido y la incertidumbre, una ilusión colectiva que trasciende lo político y que podría perdurar mucho más que cualquier coyuntura.
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