El Último de la Fila regala a Barcelona otra catarsis colectiva
El Último de la Fila reedita su indestructible vínculo con Barcelona en otra noche de catarsis colectiva
Manolo García y Quimi Portet volvieron a reivindicar el valor de su cancionero eterno ante un Estadi Olímpic lleno y entregado
Segundo concierto de El Último de la Fila en el Estadi Olimpic.
Segundo concierto de El Último de la Fila en el Estadi Olimpic. / FERRAN SENDRA
Hay algo de injusto en el empeño que han puesto algunos en explicar los triunfales conciertos de reencuentro de El Último de la Fila solo desde la nostalgia de un público de cierta edad deseoso de recuperar un trocito (y no el peor, ciertamente) de su pasado. Es innegable que la reaparición de un grupo después de una ausencia de 30 años apela a la historia íntima de todos aquellos que un día vivieron momentos más o menos memorables escuchando (o cantando, o bailando) sus canciones. Y la música que Manolo García y Quimi Portet hicieron juntos entre 1981 y 1996 es un vehículo muy poderoso para fijar y hacer aflorar recuerdos. Adelante con eso, pues. Pero reducir la experiencia de ver a El Último de Fila en 2026 a la trivial celebración de un ayer idealizado es perder la oportunidad de redescubrir con oídos nuevos la excelencia de unas canciones que están más allá del tiempo y de la nostalgia. Y que merecen ser reivindicadas a gritos en unos conciertos como estos.
"¡Bona nit, Barcelona! No, eso no. ¡Bona nit, amics i veïns de Barcelona! Que las ciudades no pueden responder". Así saludó Manolo García al público que volvió a llenar el Estadi Olímpic en la segunda (y quién sabe si última) noche barcelonesa de esta nueva encarnación de El Último que, a........
