La adolescencia dispara el 'burnout' en las madres: "No es que te quemes, es que vives en un horno"
Carga mental adicional en los hogares
La adolescencia dispara el 'burnout' en las madres: "No es que te quemes, es que vives en un horno"
La pubertad y los continuos conflictos mal encarados hace que las mujeres, que siguen cargando con el cuidado logístico y emocional de los hijos, vivan esta etapa con estrés crónico y agotamiento emocional
Jordi Nomen, profesor: “No le preguntes a tu hijo adolescente cómo le ha ido hoy en el instituto, tienes que usar otras estrategias”
Una madre, entrando a la habitación de su hijo. / Mikel Belategui
Tras una primera infancia más dura de lo que cuentan, infinitas noches de sueño interrumpido o inexistente y una lucha diaria para educar y moldear a los hijos, llega la adolescencia y todas las etapas anteriores parecen una broma. De un día para otro, dejan de ser niños. “Convivir con un adolescente es convivir con una atmósfera radioactiva”, asegura, tirando de humor, el psicólogo y educador Jaume Funes, que lleva varias décadas divulgando y escribiendo sobre la pubertad, etapa vital crucial que suele coincidir con la entrada en ESO y que dispara en muchas familias –sobre todo en las madres, que siguen cargando con el cuidado logístico y emocional de los hijos– el fenómeno del ‘burnout’.
El estrés crónico, el desgaste y el agotamiento emocional no es exclusivo del mundo laboral, sino que extiende sus tentáculos a los hogares. Un reciente estudio elaborado por la organización Make Mothers Matter entre 10.000 madres de 11 países de la UE asegura que el 'burnout' afecta al 21% de las madres españolas frente al 18% de las europeas. Casi la mitad de las encuestadas tiene más de 40 años, una época en la que se suele buscar “paz biológica y social”, en palabras de Funes. La adolescencia de los chavales, el miedo que atenaza a las madres a que “algo se estropee” en la vida de sus hijos y la incertidumbre ante nuevas preocupaciones (redes sociales, alcohol, amistades, estudios...) no permite esa deseada estabilidad. “No es que te quemes por el 'burnout', es que vives en un horno”, bromea el psicólogo.
"Nos resulta incómodo sostener el enfado de los hijos y huimos del conflicto, pero no deberíamos"— Diana Al Azem, autora de 'Madres quemadas'
"Nos resulta incómodo sostener el enfado de los hijos y huimos del conflicto, pero no deberíamos"
— Diana Al Azem, autora de 'Madres quemadas'
La adolescencia es una etapa muy retadora en los hogares dado que el desarrollo biológico de los chavales hace que se aparten de los progenitores, incluso les rechacen, para convertir a sus iguales (sus amigos) en una tribu sagrada que les genera oxitocina, la ‘hormona del bienestar’. “Muchas madres ven esto como un pérdida de respeto y no es así. Hemos aprendido que el conflicto es malo. Son gritos, silencios incómodos y peleas. Pero el conflicto es, sencillamente, una manera de comunicar necesidades, las tuyas y suyas. Nos resulta incómodo sostener el enfado de los hijos y huimos del conflicto. Pero no deberíamos”, asegura la educadora Diana Al Azem, que, precisamente, acaba de publicar ‘Madres quemadas, cómo cuidar sin arder en silencio’ (Plataforma editorial).
"Tienes derecho a desesperarte, pero la pubertad no es una realidad idílica precisamente. Lo que toca es que te saquen de quicio"— Jaume Funes, psicólogo
"Tienes derecho a desesperarte, pero la pubertad no es una realidad idílica precisamente. Lo que toca es que te saquen de quicio"
— Jaume Funes, psicólogo
Sobrexigencia autoimpuesta
En opinión de Al Azem, las madres se queman porque, en parte, son incapaces de dejar atrás la sobreexigencia autoimpuesta desde la primera infancia. “Queremos que nuestros hijos sean los más guapos, los que mejor comen y los que mejores notas sacan. Parece que todo eso nos da más valor como madres. Si nuestros hijos rozan la perfección, somos las mejores madres del mundo”, critica la divulgadora, que insta a deshacerse de tanta presión. “La autoexigencia nos lleva a pensar que tenemos que preparar comidas sanas, tener las emociones muy reguladas, ordenar la casa, gozar de una relación de pareja feliz, tener un cuerpo estupendo y una vida social activa. Es imposible cumplir con una lista así”, concluye la autora, que destaca que el valor como madre tampoco depende del aplauso de los hijos, algo que, precisamente, escasea en la adolescencia.
El autocuidado no es es agendar ratos libres para dar paseos, ir al cine o al gimnasio. Cuidarse a una misma son pequeños momentos del día a día en los que, sencillamente, paras
El autocuidado no es es agendar ratos libres para dar paseos, ir al cine o al gimnasio. Cuidarse a una misma son pequeños momentos del día a día en los que, sencillamente, paras
Perimenopausia y cóctel hormonal
La pubertad y los continuos conflictos mal encarados dispara el 'burnout' maternal en muchas mujeres, que además sufren su propio cóctel hormonal debido a la perimenopausia o menopausia. “La bajada de estrógenos hace caer también la paciencia”, añade Al Azem. Rendirse no es una opción dado que la conexión emocional con los adolescentes es fundamental. “Ha demostrado ser un factor protector frente a trastornos mentales y conductas de riesgo, como el consumo de drogas”, explica la maestra y psicopedagoga Sonia Iglesias en ‘Cuando la adolescencia duele’. Por su experiencia, Iglesias sabe que brindar afecto al adolescente es clave para su bienestar físico y emocional.
La corteza prefrontal del cerebro –la parte con la que tomamos decisiones y controlamos impulsos– tarda más en madurar que el sistema límbico, el ‘reino de las emociones’ que en la pubertad funciona a pleno ritmo, entre otros motivos, por las hormonas. Con su cerebro inmaduro, los adolescentes practican una forma de vida que exaspera a los adultos. "Se llama presentismo", explica el profesor Jordi Nomen, que añade que los chavales viven la vida apasionadamente y sin considerar riesgos. “Así es la juventud: intensa, arrojada y fuerte”, concluye el divulgador.
La infancia se termina en torno a los 11 años o 12 años (que coincide con la entrada en secundaria) y a partir de los 13 aparece la adolescencia, que da (en teoría) sus últimos coletazos al final de ESO y principios de bachillerato (16 y 17 años). “Tienes derecho a desesperarte, pero la pubertad no es una realidad idílica. Toca que tus hijos te saquen de quicio”, repite Funes, quien aconseja a madres y padres recordar su propia adolescencia. “Debemos tener una mirada comprensiva hacia ellos. Pretender ser su colega es absurdo. Lo que hace falta es entenderles, no justificarles”, destaca.
Al Azem insiste en que el 'burnout' maternal se puede prevenir. Para ello, añade, es necesario entender muy bien la pubertad. “La de libros que tienen las madres sobre parto, lactancia, colecho, alimentación complementaria y sueño. Llega la adolescencia y pensamos que ya está todo el trabajo hecho. Pero no, también es una etapa que requiere mucho compromiso y mucha información por nuestra parte”, sonríe.
Todos los divulgadores repiten que los hijos adolescentes no son el enemigo sino que, simplemente, atraviesan un periodo lleno de inseguridades. “No hay que sobrevivir a la adolescencia sino transitarla con empatía, comprensión y apertura”, explica Iglesias. “Y también con líneas rojas”, añade Al Azem respecto a la importancia de saber decir que no.
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La autora de 'Madres quemadas' ofrece recetas para ‘curar’ la quemazón: desde el autocuidado hasta la red de apoyo con otros progenitores que están atravesando la misma situación. La divulgadora puntualiza que cuidarse a una misma no es agendar ratos libres para dar paseos, ir al cine o al gimnasio. “El autocuidado son pequeños momentos del día a día en los que, sencillamente, paras. Por ejemplo, disfrutar de una ducha calentita, pero no aprovechar para limpiar las mamparas y dejarlas impolutas”.
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