Vivir bajo escolta: 35 años de la ley italiana que quebró la 'omertá', el silencio de la mafia
La lucha contra el crimen organizado
Vivir bajo escolta: 35 años de la ley italiana que quebró la 'omertá', el silencio de la mafia
Unos 800 exmafiosos y 50 testigos viven hoy protegidos por el Estado italiano, un sistema pionero en Europa que cumple 35 años sin haber resuelto del todo sus contradicciones, como cuentan a EL PERIÓDICO sus protagonistas
Atentado contra el juez antimafia Giovanni Falcone, camino de Palermo, en 1992. / ARCHIVO
Cenar una noche con la periodista Federica Angeli implica asumir que no se podrá elegir mesa. Quien la acompañe no podrá sentarse junto a la ventana, ni disfrutar de la terraza, ni improvisar cambios de último minuto. La escolta armada que la acompaña lo decidirá todo, eligiendo siempre el rincón más oscuro y protegido del local, lejos de cualquier línea de tiro directo. Esa es la primera lección de la "soledad social", como ella misma la define. "Muchos amigos desaparecieron de repente. No todo el mundo está dispuesto a cenar con alguien sabiendo que eres un objetivo móvil, que tu mera presencia convierte un restaurante en una potencial zona de conflicto", confiesa Angeli. Por eso, al final, en su mesa solo se sientan los pocos amigos que han resistido el desgaste del miedo.
Esta vida solitaria de Angeli en Ostia, en el problemático litoral de Roma, es el espejo de una realidad que este año alcanza un aniversario agridulce. Se cumplen 35 años de una ley italiana pionera en la lucha global contra el crimen organizado. El 15 de marzo de 1991, en una Italia acorralada por el terror de la Cosa Nostra —que en esos duros años sembraba el país de decenas de bombas y cientos de muertos—, el Parlamento del país aprobó el primer sistema europeo de deberes y beneficios para exmafiosos arrepentidos (pentiti) y testigos civiles. Tres décadas y media después, aquella compleja arquitectura legal sigue siendo un modelo de estudio en universidades de todo el mundo, aunque sus costuras humanas y burocráticas también siguen enfrentando significativos desafíos.
La celda de cristal de una madre
Federica Angeli no es una criminal arrepentida; es una periodista que decidió hacer su trabajo. En julio de 2013 se infiltró en lo que ella ya denominaba "mafia", un término que la justicia romana tardaría una década entera en ratificar oficialmente con un sello judicial en 2023. Descubrió una red compleja con complicidades políticas y administrativas en Ostia, dedicada a la extorsión y el narcotráfico. Meses después, presenció un intento de doble asesinato —un tiroteo y un apuñalamiento— fruto de tensiones entre clanes rivales. Seis horas después de testificar y dar nombres y apellidos ante el juez, el Estado le colocó su primera escolta. Hoy, casi 14 años después, sigue atrapada en ese blindaje. Su persistencia responde en parte a una particularidad italiana que la ley incorporó en su evolución reciente: desde 2018, los testigos de justicia pueden elegir entre desaparecer bajo una nueva identidad en un lugar secreto o quedarse en su propia tierra, protegidos por el Estado. Federica eligió lo segundo: no huir. Pero eso también ha tenido un alto precio a pagar.
Giovanni Brusca, capo de la Cosa Nostra que confesó haber matado u ordenado matar a más de 150 personas, entre ellas el juez Giovanni Falcone, es detenido en mayo de 1996 en Palermo (Italia). / LANNINO / EFE
Los primeros años fueron los más duros. Una razón: las escoltas en Italia se pensaron originalmente para hombres. "Pero yo tengo tres hijos, que hasta hace poco eran muy pequeños. Aún así, el coche blindado oficial que me habían asignado al........
