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Un cocinero, un camarero y un trineo de los grandes: así fue el rocambolesco robo de la caja fuerte de Núria

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28.02.2026

Un cocinero, un camarero y un trineo de los grandes: así fue el rocambolesco robo de la caja fuerte de Núria

Los Mossos han detenido a dos personas y buscan a otras dos por saquear también las cajas registradoras

Detenidos dos trabajadores de Núria por el robo de la caja fuerte del hotel

Actividades en la nieve en la estación de esquí de Núria. / Guillem Sánchez

Durante el fin de semana del 7 y 8 de febrero, la olla de Núria se convirtió en un hervidero. Este valle del Pirineo, ubicado a casi 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar, había registrado días antes una nevada sin precedentes. El lago estaba congelado, y las mesas de madera del pícnic, completamente enterradas, lo que significaba que el grosor de la nieve acumulada era de un metro. Los billetes del tren cremallera, única vía de acceso a uno de los lugares más bellos de Catalunya, se agotaron. Demasiada gente en Barcelona tuvo la misma idea: visitar Núria antes de que la nieve se fundiera.

El hotel colgó el cartel de completo: no quedaba ni una habitación disponible. Había colas para coger los arrastres y el tráfico en el tobogán de los ‘donnuts’ era denso. El comedor estaba lleno. Y las pistas, habitualmente un reguero triste de nieve artificial, ese fin de semana eran un manto mullido y blanco lleno de esquiadores.

Aquel panorama traía de cabeza a los 60 empleados que viven en el hotel mientras dura la temporada de esquí. Un cocinero y un camarero, que además había comenzado a trabajar ese viernes, parece que llegaron a la misma conclusión: la caja fuerte del hotel estaría a rebosar ese domingo. Y tuvieron una idea: robarla antes de que el dueño se llevara los billetes al banco.

Los últimos esquiadores regresaron a Barcelona el domingo por la tarde. Después, el silencio volvió al valle de Núria. La noche cayó, la temperatura descendió y los trabajadores se acostaron. Todos menos dos: el camarero y el cocinero se levantaron de sus camas a la una de la madrugada y se reunieron con el resto del equipo: dos hombres aún no identificados que, quizá, también sean trabajadores. Los cuatro se miraron y se dijeron que ya no había marcha atrás.

Primero, irrumpieron en la instalación de los trineos. Ellos sabían que en la zona infantil hay tres tipos de deslizadores, tres tallas. Ellos eligieron uno de los grandes, no podía fallar nada. Después, se colaron en el hotel. Forzando puertas con ganzúas entraron en el despacho de la recepción y se pusieron frente a la caja fuerte. No podían romperla sin despertar a nadie, pero podían moverla a un sitio alejado para darle lo suyo. La cargaron en un colchón de cuna –los investigadores de los Mossos siguen preguntándose de dónde lo sacaron– y así la arrastraron hasta el exterior sin hacer ruido. Hasta aquí, todo bien.

En el exterior, cargaron la caja fuerte –de más de 100 kilos de peso– en el trineo robado y la deslizaron hasta la vía del tren cremallera. Después, siguiendo la guía de los raíles, se metieron en uno de los túneles. Allí, armados con picos y una radial, se liaron a golpes con la caja fuerte. Y vencieron. El problema es que en su interior solo había 150 euros. La caja fuerte apareció a la mañana siguiente precipitada por una ladera. Se desconoce si por el cabreo o si formaba parte de la estrategia de ocultación del delito, que, por otro lado, había ignorado las cámaras de videovigilancia.

El plan de la caja fuerte no había funcionado. Pero aún quedaba noche. Los cuatro ladrones regresaron al hotel y reventaron las cajas registradoras de la cafetería y del restaurante. Las dos estaban vacías: la manía de pagar con el móvil de los esquiadores de la capital. El balance era el siguiente: una caja fuerte y dos cajas registradores para un botín de 150 euros.

Antes de regresar a sus aposentos, el cocinero y el camarero lo intentaron una vez más. Fueron a por la caseta desde la que se reparten las entradas a la zona de los trineos. Forzaron la puerta y abrieron la caja con el dinero de los tíquets. Bingo, un bingo modesto, pero bingo: 1.200 euros. Se repartieron las ganancias y, ahora sí, se fueron a dormir.

Cuando amaneció en Núria y la luz del sol expuso los destrozos de los ladrones, los empleados comentaron que tal vez habían sido atacados por un enemigo externo pero también se dijeron que la lógica indicaba que los autores se ocultaban entre ellos: ¿Con aquella nevada, quién podía subir y bajar a Núria de noche, cuando no funciona el tren cremallera?

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La duda, que muchos de ellos fueron aireando durante días cada vez con más guasa, se resolvió al mismo tiempo que el papel del rey emérito en el Golpe de Estado. Mientras se hacían públicos los archivos secretos del 23-F, varios agentes de los Mossos cogieron el tren cremallera desde Queralbs, entraron en el hotel y arrestaron al cocinero y al camarero. Las grabaciones de las cámaras de seguridad habían permitido identificarlos. Los investigadores siguen buscando a los otros dos. La investigación no está cerrada.

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