Mapa para septiembre

Valentí Puig

Escritor y periodista.

Escritor y periodista.

vladimir Putin y Xi Jinping. / EFE

Los videojuegos de guerra ensayados en Pekín han sido una puesta en escena colosal, con el sátrapa norcoreano como invitado de honor, a la manera de esos actores decrépitos que reaparecen en series de televisión con un dopaje de elefante. Mientras tanto, allá en la vieja Europa, Francia ostenta su declive político y Alemania necesita adrenalina económica. Putin ha movido sus piezas con esa frialdad de Doctor No empeñado en humillar a Zelenski, al tiempo que Trump se agita en un desconcierto con pautas de futuro contradictorio. Putin es un actor para emboscadas sombrías y Trump un figurante de 'reality-show'. Uno representa la imposible transición rusa hacia la libertad; el otro, una disfunción de la política democrática al viejo uso, dentro de las formas avaladas por la experiencia histórica.

El mapa para septiembre es uno de los más confusos de las últimas décadas. Nada parece encajar, la diplomacia clásica ha pedido cobrar la jubilación y los sistemas defensivos de Occidente oscilan entre la retórica y la poca voluntad. Será un mapa a merced de cambios insospechados, con la batuta demoliberal en reparación y las opiniones públicas a merced de algoritmos aleatorios. Que Putin pueda colapsar el GPS de Ursula Von der Leyen tiene algo de premonición ensayada en los teatros de la incompetencia. El descrédito de la vida pública y de los sistemas institucionales parece ir de ahí para allá, como un eco loco.

Ver cómo la Quinta República francesa parece tambalearse y escuchar al canciller alemán diciendo que el Estado de Bienestar es insostenible no ocurre todos los septiembres. Que el emperador Xi JinPing haga desfilar todo su potencial armamentístico –prueba de lo que va de Stalin y la “nomenklatura” al capitalismo de Estado- es una reproducción agigantada de lo que fue la escenografía siniestra dela ocupación de Hong Kong o de los Juegos Olímpicos. Si en algún momento se evaporó la eventualidad de una Rusia liberaldemócrata, esperar una transición china ha sido un gran fiasco.

En un momento que requiere de una Europa fuerte, el veterano eje francoalemán se asemeja a un temblor de Parkinson, a la vez que la OTAN abunda más en incertidumbres que en mayor potencial. Al menos, así lo han interpretados los asistentes al desfile de Pekín. Tiene algo de puesta en escena en falso que el tren del líder norcoreano no pueda desplazarse a más de sesenta por hora porque el peso del blindaje lo impide. Eso ocurre cuando la vida humana no vale nada y uno puede enviar soldados a morir en Ucrania y matar de hambre a los súbditos norcoreanos.

Ante una geopolítica de la ansiedad es la hora de buscar dinero para un escudo defensivo europeo aunque, previsiblemente, con tantos gobiernos en crisis –incluyendo el caso de Pedro Sánchez- este septiembre veremos una 'rentrée' lenta y ambigua. Será un mes con abundancia de disfraces ideológicos, lo más lejos posible de la realidad, y con propensión al extremo, ese mal hábito que –según los sabios- lleva a confundir los extremos entre sí mismos.

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