Adiós a Netanyahu |
Rafael Vilasanjuan
Periodista
El primer ministro de Israel, Binyamín Netanyahu. / Haim Zach/GPO/dpa
Sigue la masacre. Binyamín Netanyahu puede ocupar Gaza y hasta entregar a sus milicias ultraortodoxas buena parte de Cisjordana, que está sufriendo un acoso brutal y silenciado. Lo que es más complicado es que pueda acabar con todos los palestinos, que tienen por cierto, el mismo derecho a habitar su tierra que los judíos la tienen sobre Israel. Aunque plantearlo confunda con ser antisemita.
Si acabar con la amenaza terrorista de Hamás requiere eliminar o expulsar a todos los habitantes en Gaza, sería un genocidio. El problema no es solo que sea un crimen, es que es muy difícil conseguirlo. Por un lado, está la diáspora, con millones de palestinos a la expectativa; por otro está la resistencia. En todo caso el bloqueo a población civil incluyendo niños a los que se deja morir de hambre, ha sobrepasado todas las líneas rojas.
Con las elecciones a final de octubre, Netanyahu está apurando las posibilidades de mantenerse en el poder intensificando la guerra y cargándose con las bombas en Qatar cualquier posibilidad diplomática. Quiere presentarse como el único que puede dirigir las operaciones. A su favor tiene a Donald Trump. Le garantiza armas y el poder para encararse a quien le cuestione. En su contra por fin, empieza a tener a Europa, después de que Alemania entienda que su ceguera, consecuencia del sentimiento de culpabilidad por el genocidio nazi, no justifica una revancha igual con los palestinos.
Está además la opinión pública mundial, no necesariamente antisemita, que sabe que Israel puede avanzar por dos vías y no todas seguras. Una apoyando al Gobierno, el más radical que ha tenido en toda su historia con una propuesta genocida que pretende eliminar la democracia, la otra como alternativa para recuperar un Estado liberal y demócrata de tradición judía, capaz de encontrar una solución a palestina sin necesidad de eliminar a toda su gente. Una parte de la sociedad israelí empieza a ser crítica. Su seguridad no depende de una guerra infinita, sino de una paz justa. Para eso es necesario decir adiós a Netanyahu.
Suscríbete para seguir leyendo
Noticia guardada en tu perfil
Ver noticias guardadas