El rancio pastelón eclesiástico
Opinión | Un carrusel vacío
El rancio pastelón eclesiástico
El rancio pastelón eclesiástico / Adae Santana
En las postrimerías de esta Semana Santa y después de haber asistido a varias procesiones en el pueblo de mi madre, escuchado saetas y comido torrijas, recuerdo un titular de hace días que anunciaba que una cofradía de Sagunt (Valencia) se negaba a admitir mujeres, amparándose en el pretexto de la tradición y la identidad y arriesgándose, por tanto, a que le fuera retirada la categoría de Interés Turístico Nacional. La Cofradía de la Sangre, que así se llama, desarrolló una votación para decidir si cambiaban o no los estatutos, existentes desde su fundación en 1492, para dejar participar a las mujeres. La mayoría votó «no».
Si la cuestión fuera conservar una tradición de siglos, ahora mismo seguiría existiendo la Inquisición. He ahí un contraargumento definitivo para los cofrades que defienden a capa y espada su identidad, negándose absurdamente a adaptarse a la sociedad actual, en la que se persigue la igualdad entre hombres y mujeres en todos los ámbitos.
No obstante, encuentro una cierta hipocresía en la idea de criticar la actitud de los cofrades de Sagunt cuando la propia institución eclesiástica sigue sin admitir mujeres entre sus altos cargos. Les prohíbe ser diáconas, sacerdotisas, obispas, cardenales y, por supuesto, sumas pontífices. Si ese es el referente, resulta algo incoherente criticar la actitud particular de una cofradía. De hecho, me extraña el poco escándalo que suscita una ley tan........
