La vida acrobática |
La incomodidad de un sofá, de un colchón, de una almohada, de unos zapatos, no se advierte probándolos en la tienda, sino pagándolos, llevándotelos a casa y usándolos
Un sofá. / Unsplash / Inside Weather
«La vida agarra a la gente y la fuerza a hacer increíbles acrobacias»: me acuerdo a menudo de esta frase de Scott Fitzgerald, que emplea el narrador de un cuento titulado 'Cabezas y hombres'. Es tan certera. Hace poco, me vi pensando otra vez en ella, en esta ocasión para explicarme a mí mismo cómo pude convivir en silencio, durante cinco años, con un sofá que nunca me gustó. Me gustó, para ser precisos, los cuatro primeros días, hasta que se desplomó el entusiasmo que se supone que despierta la presencia en casa de un sofá recién comprado. En ese preciso momento comenzaron las malditas acrobacias. Demasiado pronto quizá. Me agarró violentamente la vida, para la cual era evidente que el sofá era incómodo, y tuve que apañármelas para hacer como que sí me gustaba. Se nos van los días enmascarando parte de nuestros pensamientos. Vivir es disimular.
Al principio, sentía mareos solo pensar en que me había equivocado al comprarlo. Y ni siquiera había sido barato. Recién estrenado y lo........