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El fin del mundo compartido

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25.07.2026

El fin del mundo compartido

Las experiencias individuales minimizan las vivencias comunes

Décadas atrás, cuando volvíamos al aula o al puesto de trabajo tras el fin de semana, solíamos disponer de un buen número de vivencias compartidas que comentar y contrastar. La misma película, el mismo programa de televisión o parecidas escapadas a la Naturaleza. Según los algoritmos han ido personalizando nuestro ocio, hasta un individualismo extremo, y según la oferta informativa y audiovisual se ha ido ampliando, hasta resultar inabarcable, nos hemos ido encerrando más en nuestro cascarón.

Tal vez esa ausencia de vida social haya sido la que ha motivado la búsqueda de grandes acontecimientos que tratamos de vivir en común. O, tal vez, haya sido una mera casualidad. La más reciente, pero muy excepcional, la victoria de la selección española en el Mundial de Fútbol, que congregó a casi 17 millones de españoles ante el televisor, el 87 por ciento de los espectadores, y a cientos de miles en las calles del país.

También se está produciendo un insólito aumento de las experiencias compartidas por multitudes en los grandes festivales musicales –el Bombastic de Llanera es un buen ejemplo– o en masivos conciertos, como los recientes de Bad Bunny y Rosalía o el de Shakira en Copacabana, que reunió a dos millones y medio de personas. A ello hay que sumar la búsqueda de experiencias reales –no virtuales– que ha provocado que los espectadores de teatro crezcan de año en año mientras bajan los de las salas de cine.

Los síntomas de un ocio cada vez más individualizado pueden parecer una anécdota a quienes alertan de consecuencias mucho más graves del fenómeno. Así, la........

© El Periódico de España